Películas do país: el cine que se hace en Galicia

El año pasado, un desconocido Óliver Laxe ganaba con su rompedora Todos vós sodes capitáns (Todos vosotros sois capitanes) en la Quincena de los Realizadores del todopoderoso festival de Cannes un premio, no uno otorgado por un jurado, sino por algo quizás más importante: la Federación Internacional de Críticos de Cine. Un Premio FIPRESCI en el certamen más importante del mundo llegaba por primera vez a un cineasta gallego, aunque afincado en París, que decidía romper barreras e investigar en ese fascinante mundo llamado cine. ¿Será el último? Esperemos que no. Laxe también empezaba a romper, probablemente sin ser consciente, las barreras de unos nuevos y jóvenes cineastas gallegos cuyas creaciones ya no se correspondían con los productos cinematográficos convencionales. Sus obras, puro cine de autor, y como tal, pura marginación por parte del gran público. Óliver Laxe, Xurxo Chirro o Lois Patiño son, entre otros, algunos de los autores más importantes del llamado novo cinema galego, una nueva visión cinematográfica que se caracteriza por una gran conciencia artística y un debate estético y argumental muy presente a través de un estilo experimental que parte de las vivencias más cotidianas y cercanas.

Los nuevos cineastas gallegos se van abriendo camino poco a poco en un territorio hostil hacia sus creaciones, dominado por el poco interés que suscita el cine experimental entre el gran público, y el poco apoyo que recibe tanto por parte de las instituciones como de la prensa. Un territorio hostil, como el que retrata Óliver Laxe en su galardonada Todos vós sodes capitáns, un ensayo fílmico a medio camino entre la ficción y el documental, en el que relata desde un interesante punto de vista su historia, la de un profesor que propone a un grupo de niños rodar una película en Tánger. El film es un estimulante trabajo creativo, que juega en tierra de nadie con los niños, el profesor y el cine mismo. Tras cautivar a la crítica en la Croisette, continuó su laureado camino por un buen puñado de festivales de todo el mundo, recibiendo otro puñado de galardones. En la actualidad, Laxe se encuentra inmerso en su segundo proyecto, según recoge el The New York Times -que le ha prestado más atención que muchos medios nacionales-, que llamará As mimosas, en la que lidiará con las caravanas marroquíes, el mito de Fausto y sabios sufíes. El guardés Xurxo Chirro, por su parte, acaba de presentar su documental Vikingland, en festivales como el de Marsella o el Cineuropa compostelano. En la cinta cuenta la historia de unos marineros que trabajan en un ferry entre Dinamarca y Alemania, a través de la videocámara de uno de ellos. Su trabajo se enmarca también en la no-ficción, en el retrato de otra realidad perdida, la de la emigración gallega, a través de interesantes recursos estilísticos que han propiciado la larga gira internacional de la obra. Y Lois Patiño, con una interesante trayectoria en la cinematografía experimental, sobre todo acerca de la intimidad y la fuerza de la naturaleza, se encuentra en plena grabación de su primer largometraje, Costa da Morte, sobre la legendaria costa coruñesa. Esperamos y confiamos en que estos autores nos den alguna que otra sorpresa muy pronto.

Pero no todo se ciñe al cine experimental, puesto que en los últimos años en Galicia han emergido voces muy interesantes que han llamado en seguida la atención dentro del panorama del cine independiente español. Una de ellas es Jorge Coira, que con su brillante 18 comidas (2010) encantó a la crítica y al público, y a nosotros. En ella, seis historias de diferentes personajes que tienen lugar durante comidas, cenas y desayunos se entrelazan a lo largo de un único día. La película, rodada en Santiago de Compostela, que contaba con un guion pero con diálogos abiertos a la improvisación, ofrece uno de los más deliciosos retratos de nuestras relaciones que se han visto últimamente, apoyado en las grandes interpretaciones de todos sus actores (Víctor Clavijo se llevó el premio de la Unión de Actores a mejor secundario) y en una frescura y naturalidad envidiables que permiten al espectador conectar con la película y sus protagonistas en todo su metraje. Una verdadera joya que nos encandiló, y cuyo director se encuentra actualmente inmerso en su nuevo proyecto, la adaptación al cine de Limpeza de sangue, obra de Rubén Ruibal y Premio Nacional de Literatura Dramática en 2007. Esperamos impacientes. Y por último, otra interesante visión es la de Luis Avilés, que presentó también en 2010 Retornos, un muy interesante drama ambientado en una pequeña aldea de Noia, a la que el protagonista vuelve tras huir de sí mismo durante diez años. La película cosechó muy buenas críticas tras ser seleccionada para festivales como la Seminci vallisoletana. Confiamos en que nos vuelva a regalar una buena experiencia cinematográfica. Para buscar creadores no hace falta irse muy lejos, tenemos muy buena materia prima, solo hay que saber tratarla bien, para que no sean ellos mismos los que se vayan lejos. Desde aquí, todo nuestro apoyo.

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