El cine se hunde, ¿cómo lo sacamos a flote?

Aunque haya muchos ciegos que no lo quieran ver, el mundo está dando últimamente continuos síntomas de cambio. Las cosas ya no son como eran.  Y en una época en el que la información corre tan rápido, que estas mutaciones sean vistas y valoradas por todos es solo cuestión de tiempo. Hoy en día todo está conectado y todo nos afecta a todos, por esa razón el cine no puede escapar a las nuevas vías que se abren. Para muestra un botón y empezamos con el que nos toca más cerca, el cine español. Resulta que según los últimos datos ofrecidos por FAPAE, la federación de asociaciones de productores audiovisuales españoles, y Rentrak, la recaudación en taquilla en los primeros cinco meses de 2012 cayó un 14% con respecto al año anterior y eso lo notan, por supuesto, los trabajos que se hacen en casa. Por otra parte, las cintas producidas dentro de nuestras fronteras que consiguieron más éxito internacional fuera de nuestras fronteras fueron: Midnight in Paris, de Woody Allen; Un Dios salvaje, de Roman Polanski; Biutiful, de Alejandro González Iñárritu; La piel que habito, de Pedro Almodóvar -premio FAPAE-Rentrak a la película española de mayor repercusión internacional- y Los ojos de Julia, de Guillem Morales.

Pensemos. Dos películas con capital de varios países rodadas en inglés por sendos genios consagrados. Otra coproducida por España y México, con un director de este último país y con un reparto formado por actores de medio mundo. Una cuarta financiada íntegramente por España y con un director de reconocido prestigio internacional cuyo cine recorre los rincones más insospechados del planeta. Y la última es una cinta de género de un director novel. A lo mejor lo que el cine necesita es la colaboración entre las distintas industrias, abrirse a ideas provenientes de otros lugares y apoyar el genio y la creatividad de los buenos directores. De las cinco películas que tomamos como muestra, solo una se escapa de lo que podríamos definir como cine de autor. Es Los ojos de Julia, una cinta de terror que a través de un buen reparto y una dirección solvente cuenta una historia entretenida y accesible a un público amplio, sin tener que renunciar a un cierto nivel de inteligencia y calidad para lograrlo. A lo mejor lo que pasa es que el espectador está harto de que se le subestime, de ver películas cargadas de fuegos artificiales y escasas de contenido o comedias para cerebros estancados en la adolescencia. Está claro que las buenas historias que reciben un trato más o menos digno en lo que a promoción y distribución se refiere funcionan bastante bien. Sirva como ejemplo No habrá paz para los malvados, gran triunfadora de la última entrega de los Goya y que consiguió hacer un papel notable a su paso por la taquilla española.

Pero claro, es más fácil creer que al espectador no le interesan los productos nuevos y así solo hay que esperar a que las cosas vuelvan a ser como tienen que ser. Pero la realidad es otra, los grandes taquillazos ya no funcionan como antes y surgen nuevas formas de hacer y entender el cine que no son la panacea pero demuestran que algo se mueve. Hace escasas semanas se estrenaba en Filmin Diamond Flash, la arriesgada ópera prima de Carlos Vermut, que a falta de unas cuantas pantallas grandes que se atreviesen a apostar por su obra decidió que la mejor manera de hacerla llegar al gran público era Internet -esa cosa a la que el presidente de la Academia de Cine, Enrique González Macho, se refirió como “el futuro” en la última gala de los Goya-. Y lo cierto es que no le salió mal la jugada: desde su estreno, la cinta no se ha movido de entre las más vistas del portal.

El 5 de julio Paco León va a estrenar simultáneamente en salas y a través de la red su película Carmina o revienta, una especie de comedia experimental que mezcla realidad y ficción que se ha merecido el premio del público (entre otros) y el aplauso de la crítica en el último festival de Málaga. Está claro que ni León ni Vermut van a cambiar el mundo, pero con su valentía y su riesgo demuestran que en España además de buenos cineastas hay gente con buenas ideas, dispuesta a arriesgar y experimentar para hacer que las películas que valen la pena lleguen a la gente. Las salas con grandes pantallas y amplios patios de butacas son los lugares naturales para la exhibición de buenas obras, pero lo que pasa es que hace mucho tiempo que se dejó que el cine se fuese de las mismas y parece que a nadie le importó demasiado. Ahora toca pensar en los errores cometidos y hacer frente a la realidad porque, que nadie se engañe, la mayoría de los productos que llenan estos días las carteleras de esos negocios camuflados entre tiendas de ropa y restaurantes basura no merecen ser llamados cine. Hay que dejar de ver a Internet como el enemigo y darse cuenta de que, en estos momentos, no hay mejor aliado que un uso inteligente del mismo.

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4 Respuestas a “El cine se hunde, ¿cómo lo sacamos a flote?

    • Nos parece fantástica la iniciativa de la Filmoteca Española de investigar, rescatar y poner en valor el cine que marcó la historia de España. Pero nos preguntamos si existe la idea de digitalizar esos fondos compuesto por grandes clásicos de otras décadas y ponerlos a disposición de todo el público (no solo el que tiene acceso al soporte físico) por un precio simbólico a través de la red. Sería una iniciativa fantástica y que de verdad haría que ese patrimonio artístico histórico estuviese al alcance de la mayoría.

  1. Los errores cometidos sí, creo que ahí está la clave. No es solo el surgimiento de la gran red, sino la calidad -¨para cerebros estancados en la adolescencia¨- de las películas distribuidas, los filmes producidos, los precios excesivos… Un cóctel que ha resultado explosivo, en su sentido más negativo, para el cine. Por suerte, gente con buenas ideas siempre habrá, es su salvoconducto 🙂

    • Pues si Sergio, muchos errores cometidos y ahora, lo peor que se podría hacer es perder el tiempo lamiendo heridas. Hay que apostar por los que arriesgan y experimentan porque si no, no hay nada que hacer.

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