Película del mes: ‘Elena’, de Andrei Zvyagintsev

Rusia, el país más extenso del mundo, una de las mayores fuerzas mundiales durante toda la historia, la mayor superpotencia energética del planeta… no goza, sin embargo, de una producción cinematográfica proporcional a sus dimensiones. El séptimo arte del macroestado gobernado con mano férrea y prácticamente totalitaria por Vladímir Putin y Dmitri Medvédev no proyecta más allá de sus fronteras a muchos de sus creadores. El país que bajo otro nombre nos regaló a maestros como el imprescindible Andrei Tarkovsky, o incluso a algunos de los padres del cine, como Sergei Eisenstein o Dziga Vertov, apenas exporta en la actualidad cinco directores con repercusión internacional. El filosófico Alexander Sokurov y el grandilocuente Nikita Mikhalkov, que empezaron su carrera en la era de la Unión Soviética, siguen teniendo acceso a lo más alto del cine, pero los cineastas nacidos profesionalmente en nuestra época son pocos: el interesantísimo Sergei Loznitsa, el algo más irregular Aleksey Balabanov y el ya necesario Andrei Zvyagintsev. Este último, el que nos ocupa, es, sin duda, el cineasta más aclamado de la actualidad del país, y, coincidencias, uno de nuestros favoritos. Su ópera prima El regreso, León de Oro en Venecia 2003, y su segunda The Banishment (El destierro), premiada en Cannes 2007, son muestras irrefutables de un maestro, y su nueva Elena, estrenada en la Croisette el año pasado, no se queda atrás. El cine de Andrei Zvyagintsev, voluntaria o involuntariamente ligado a la situación de su país de procedencia, nos obsequia en sus únicas tres obras con un visionado increíblemente estimulante a través de una reflexiva observación de historias, sentimientos y emociones.

Y si la difícil situación actual de Rusia -entre los primeros levantamientos sociales en contra de una política despótica y la progresiva toma de conciencia de un pueblo ahogado por el yugo histórico de autoritarismos- ocupa las cabeceras de los medios internacionales, Zyagintsev dota a su drama de personajes la mayor conciencia social de su corta filmografía. Elena es la historia de una abnegada cincuentona de Moscú casada en segundas nupcias con un adinerado magnate mayor que ella, con el que vive en una mansión en las cercanías del Kremlin entre visitas a la desestructurada familia de su hijo en los ruinosos bloques comunistas de las afueras de la ciudad. El director nativo de Novosibirsk, Siberia, es capaz de representar -con una increíble fuerza visual, característica de su obra- una tragedia provocada por sus propios personajes, en una parábola moral que aparenta mucho más sencilla de lo que en realidad es. Elena es una película que se cuece a fuego lento, sobre cuyos ingredientes es el que el espectador debe reflexionar, y cuyo impacto en él no es inmediato, pero no deja de crecer una vez visto el último fotograma.

Lee la entrada completa en nuestra película del mes

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