De maravillosos abucheos, deliciosas revoluciones y dignos regresos: ¿cómo va Venecia? (II)

Aún con la primera tanda de películas coleando -especialmente, cómo no, The Master– y cuyas reacciones recogimos aquí, llegaba a Venecia, el domingo, a primera hora de la mañana, el segundo plato fuerte del festival. Cual misa en el día del señor, se celebró la presentación de la no menos ¿religiosa? y esperadísima nueva película de Terrence Malick. To the Wonder, la odisea metafísica y religiosa rodada allá por el 2010, se puso de largo. ¿Sería la otra película que más expectaciones había levantado otra despampanante satisfacción? A juzgar por las reacciones, parece que ha sido todo lo contrario. Tras una equitativa cantidad de aplausos y abucheos al fin del pase, las críticas no han sido especialmente positivas. Entre epítetos como “decepcionante”, “pomposa” o “vacía”, la prensa lanzó panfletarias dudas al cielo: ¿es esta la peor película de Malick? ¿Hemos perdido al gran cineasta? No lo olvidemos, la grandiosidad y la desmesurada ambición con la que Malick abarca todos sus trabajos hacen sus películas objetivos fáciles de crítica y reproche: El árbol de la vida, aunque menos, fue también abucheada a su paso por Cannes, y, tras hacerse con la Palma de Oro, ha pasado prácticamente a la historia del cine. Sin embargo, con To the Wonder, parece que va más allá: Toni García habla de ella en El País como “un pequeño fiasco (…) atravesado el ecuador de la película, la poesía más banal se apodera de todo y To the Wonder se cae por el barranco de la pretenciosidad”, Todd McCarthy la califica en The Hollywood Reporter como “una película que parece despojada de vida e ideas”, Salvador Llopart no duda en describirla en La Vanguardia como “por momentos un largo videoclip, como un largo y caro anuncio de perfume francés, e igual de vacío”. Aunque, siempre hay excepciones: Justin Chang, en Variety, lo ejemplifica: “aquellos que no toleren los ensueños espirituales de Malick se mantendrán alejados, pero, aún con defectos, este es un deslumbrante y digno trabajo de un cineasta que no ha perdido su capacidad para conmover y sorprender.” Tras todo esto, la otra película a competición, Fill the Void, de la debutante israelí Rama Burshtein, se quedó algo olvidada en el Lido, en parte debido a su propuesta -en algunas voces, agradablemente académica- a medio cocinar sobre un romance condicionado por las tribulaciones de una familia judía hasídica: Oliver Lyttelton la describe en The Playlist como “atrapada torpemente entre la comedia y el melodrama (…) la cineasta no es lo suficientemente buena como para elevar la película a algo más”. Y fuera de competición se presentó Love is All You Need, la comedia romántica de la oscarizada Susanne Bier, que ha sido calificada como amable, pero alarmantemmente previsible, y comparada incluso con Mamma Mía (2008, Phyllida Lloyd).

Al día siguiente, entre demandas por blasfemia a Ulrich Seidl por su Paradise: Faith por parte de una organización ultracatólica, el ver las nuevas películas de dos reconocidos autores hacía las delicias de los cinéfilos y periodistas desplazados en la isla veneciana. Olivier Assayas y Takeshi Kitano presentaban sus respectivas nuevas obras. Après mai (o Something in the Air) es el título de la del primero, y un semiautobiográfico retrato de la generación adolescente de la revolucionaria época de finales de los años 60 europeos, tras el crucial mayo del 68. Y ha dejado un muy buen sabor de boca, que la ha colocado como la segunda película mejor recibida del festival: Sergi Sánchez lo deja bien claro en La Razón, “la grandeza de Après mai –junto a The Master, la única firme candidata hasta ahora al León de Oro– está en demostrar que la política es menos que la vida; que lo importante de una ideología es dejarse atravesar por ella y convertirla en arte.” La inteligencia, el talento y la sensibilidad de Assayas parecen estar en plena forma, y decisión del jurado mediante, parece pleno candidato a figurar en el palmarés. Y, por la otra parte, Outrage: Beyond es el título de la del segundo, su nueva incursión en el mundo yakuza y segunda parte de Outrage, presentada en Cannes 2010, ya sin mucho éxito entre la crítica. Robbie Collin, de The Daily Telegraph, destaca de Outrage: Beyond los “turbios e interminables politiqueos entre policías corruptos y los clanes yakuza tapados con turbias e interminables luchas y tiroteos”. Parece que Kitano ofrece más de lo mismo con su nueva película, estancándose en sus vertientes más insolentes y sádicas, lo que es bueno para el seguidor arduo de violencia y acción, pero malo para el que busque algo de chicha en ellas.

Al sexto día de la competición oficial, llegó otra de las cintas esperadas, que venía de la mano de un hiperprolífico autor que no levanta tanta expectativa, pues es capaz de presentar más de una película por año, aunque alguna de ellas sea una gran decepción -en 2011 presentó Arirang en Cannes, llevándose el Premio Un Certain Regard, y Amén en San Sebastián, consiguiendo las críticas más negativas del festival en mucho tiempo-. Hablamos de Kim Ki-Duk, que volvió a pisar el Lido con su nueva Pietà, su descarnado drama sobre un sicario que encuentra a su madre perdida. ¿Había regresado el mejor Kim Ki-Duk? Más o menos. Las primeras reacciones hablaban de una larga ovación tras su pase y de que Pietà era la mejor película de Kim desde Hierro 3 (2004); sin embargo, el ambiente se fue calmando y las críticas negativas comenzaron a florecer: Luis Martínez resalta en El Mundo que “Pietà es como el Kim anterior pero (…) más, si cabe, pagado de sí mismo. (…) Al final, toda la cinta se descubre como una premiosa, larga y reiterativa insistencia en lo mismo”. Quien conozca el cine de Kim es consciente de que tiende a regodearse en su estilo, en repetirlo y en divagar dentro de él, sin que su visión se modifique especialmente: pero, su talento, a veces, es capaz de superar a sus defectos, y de permitirle firmar obras que ya han triunfado en festivales de todo el mundo. ¿Volverá a hacer Kim virtud de sus fallos? Por la otra parte, Valeria Sarmiento, la viuda del cineasta Raúl Ruiz, presentaba también Linhas de Wellington, el proyecto que su marido dejó inacabado y de cuya dirección se hizo responsable la también realizadora. La épica historia de las guerras napoleónicas en Portugal, y homenaje póstumo a Ruiz, ha conseguido una estimable recepción. Plagada de caras cruciales para el cine europeo y para la filmografía de Ruiz, como las de John Malkovich, Isabelle Huppert, Michel Piccoli, Melvil Poupaud o incluso Marisa Paredes, la obra de Sarmiento parece haber resultado ser un digno trabajo a la altura. Aún con sus faltas y su intento de hacer suya una película ajena, Oliver Lyttelton dice en The Playlist que Sarmiento acierta: “Linhas de Wellington no reinventa la rueda; es algo ampulosa y difícilmente excepcional, pero está muy lograda (…) y supone una inteligente y detallada mirada a la historia (…) Uno sospecha que Raúl Ruiz se sentiría un poquito orgulloso”.

(Seguimos recogiendo las recepciones del resto de los filmes que optan al León de Oro en la siguiente y última entrega.)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s