De aventuras ‘trash’, fértiles naturalismos y apasionadas decepciones: ¿cómo va Venecia? (y III)

Se acabó. Mañana se conocerá el palmarés, pero el Festival de Venecia ya ha llegado hoy a su fin: está todo el pescado vendido. Desde el pasado jueves 30 hasta hoy se han presentado las películas que compiten por el codiciado León de Oro, un total de dieciocho filmes que han levantado todo tipo de reacciones, desde las mejores hasta las peores, desde las más indiferentes hasta las más entusiastas. Al comienzo del festival, brilló, sobre todo, el nombre de Paul Thomas Anderson, y su cacareado maestro; y en su ecuador, Olivier Assayas puso en pie al público del certamen. ¿Y en su recta final?

El antepenúltimo día del certamen tenía doble nombre: uno de estrella Disney y otro de uno de los cineastas más transgresores de los últimos tiempos. ¿Una mezcla que marea? Llegaba Spring Breakers, lo nuevo de Harmony Korine -guionista de Kids (Larry Clark, 1995) y creador de la atrevidísima Gummo (1997) y, por ejemplo, la aún más experimental Trash Humpers (2009)- e hizo el ruido que prometía. Protagonizada por las ídolos de adolescentes Selena Gómez y Vanessa Hudgens, junto a Emma Roberts, Rachel Korine y el ubicuo James Franco, la cinta narra las alocadas vacaciones del spring break de cuatro estudiantes que se convierten en delincuentes. Las reacciones, como es normal ante una propuesta de tal naturaleza, han sido polarizadas: Robbie Collin explica en The Daily Telegraph que “mientras la película es un éxito en su propia explotación artística, no puede evitar dar la impresión de ser una oportunidad fallida”, Sergi Sánchez la describe en La Razón: “dos temas de Britney Spears como reclamo trash, la adopción del estilo de la MTV más descerebrada y la celebración del flash-forward como impaciente figura retórica se alían para montar una auténtica rave digital, que tanto sirve para elevar los niveles de serotonina del extasiado público como para maquillar la delgadez dramática de un argumento casi inexistente”, mientras el crítico Manu Yáñez sentenciaSpring Breakers es la mejor película de Harmony Korine: el Asesinos natos (Oliver Stone, 1994) de la cultura teen del siglo XXI”. ¿Película de culto a la vista? No tan de película de culto fue la recepción de la otra competidora del día, Bella addormentata (Dormant Beauty), la reflexión sobre el derecho a morir de Marco Bellocchio e Isabelle Huppert. La película, que era una de las serias contendientes al León de Oro desde el principio del festival, suponemos que por ser la película italiana más sólida de todas las presentadas, no ha tenido una gran recepción: Luis Martínez dice en El Mundo que “tan preocupado de no caer en la trampa del melodrama, al final acaba por mantenerse demasiado lejos (…) es una gran película que hubiese necesitado algo más de riesgo para hacer daño de verdad, para doler, para importar”. Y otra presentación más, pero fuera de concurso, fue la de lo nuevo del centenario Manoel de Oliveira, O Gebo e a sombra, que, como acostumbran sus últimas obras, levantan pasiones entre un sector de la prensa y odios entre el otro.

El jueves no parecía tampoco -en principio- un día del que salieran fuertes candidatas a hacerse con el máximo galardón del festival. Compartiendo jornada con el estreno fuera de competición de The Company You Keep, el thriller político de Robert Redford -que no ha brillado especialmente- estaba lo nuevo de Brillante Mendoza y la tercera cinta de un dúo de cineastas menos conocido. Thy Womb, la película del realizador filipino sobre los problemas de mujer badjao infértil, no ha conseguido una recepción unánimemente positiva, como siempre ha sucedido con su filmografía, pero ha recibido un buen número de elogios. Calificada como “honesta” o “deslumbrante”, y con especiales loas para su protagonista, Nora Aunor -firme candidata a la Copa Volpi-, Thy Womb parece hacer de su sinceridad y naturalismo sus mejores bazas. Sergi Sánchez lo dice en La Razón “Mendoza ha dirigido su película más accesible hasta la fecha (…) sus últimos veinte minutos, en los que emerge súbitamente la bondad de una mujer capaz de sacrificarlo todo por amor, son muy hermosos y conmovedores. No sería extraño que entrara en el palmarés” Y es que parece que lo último de Mendoza sí es fértil en cuanto a premios. ¿Sorprenderá? El otro título presentado fue La cinquième saison, de los realizadores afincados en Bélgica Peter Brosens y Jessica Woodworth. La tercera entrega de su trilogía sobre las conflictivas relaciones entre el ser humano y la naturaleza se ambienta en la fase final del cambio climático ha despertado conciencias e intereses en el Lido, pero ha dormido a las que desechan el cine más artístico y visual. Así, David Rooney la califica en The Hollywood Reporter como “una surrealista meditación sobre la revuelta de la naturaleza en contra del hombre (…) su oscuro trabajo poético está demasiado estudiado como para ser realmente desestabilizador – está demasiado ensimismado en su carácter artístico”.

Y finalmente, el noveno y último día tenía en sus horarios el estreno de uno de los platos fuertes del festival: la vuelta del siempre desigual Brian de Palma con su Passion, el remake de la cinta francesa Crime d’amour (Alain Corneau, 2010). Protagonizada por Rachel McAdams, Noomi Rapace y el lacerante odio que surge entre sus personajes, la cinta recibió, al igual que otro de los grandes títulos del festival, To the Wonder, de Malick, una generosa cantidad de abucheos al final de su pase. Las voces que se escucharon tras su proyección se referían a lo nuevo del creador de Scarface. El precio del poder (1983) como poco más que un disparate y, si acaso, otro tropezón en la carrera del desigual cineasta. Como ejemplo, Toni García la describe en El País como “una película pobre, risible en ocasiones (…), inconexa y sin alma. Un filme inexplicable para un hombre que ha demostrado sobradamente gozar de un talento singular para la construcción de tramas y un ojo maravilloso para la dirección de actores”. Sin embargo, recordemos que su última película, Redacted (2007), también presentada en Venecia y denostada por la crítica, se acabó haciendo con el León de Plata. Está claro que un buen cineasta siempre será capaz de ofrecer aun cuando sus películas resulten fallidas, ¿habrá en Passion algo escondido que deslumbre? Por su parte, la última cinta a competición, Un giorno speciale, la comedia dramática de Francesca Comencini, que ya llegaba a su proyección con el lastre de ser la película italiana que menos apetecía y que menos prometía, y el resultado no ha sido diferente. La prensa le dedicó epítetos como “torpe”, “manida” u “obvia”, con lo que no podemos esperar que esta película sea algo que merezca la pena.

Mañana conoceremos la decisión del jurado: ¿quién formará parte del palmarés de Venecia 2012?

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