París, Nueva York, La Habana: ¿os amamos?

¿A quién -hablamos desde el 2012- le gusta que un amigo, un familiar, o un compañero de trabajo se acuerde de él en un viaje trayéndole de souvenir un rosario de postales? Las postales, esas fotografías que pueden ir desde lo hortera por excelencia hasta la creación original, han tenido, a lo largo de los años, el mismo objetivo: recoger un pedazo de la ciudad o el lugar en el que se vende, para recordarlo en cualquier otro lugar del mundo. En el cine también pasa un poco lo mismo. Alejándonos de otro tipo de cine viajero –del que Woody Allen viene haciendo gala desde hace unos años-, las películas-rosario de postales han aportado una interesante idea sobre la que vertebrar esos homenajes turísticos. ¿Pero es una idea con fecha de caducidad? Sin duda, uno de los mejores aspectos de tales propuestas es el juntar los talentos de algunos de los cineastas más interesantes de la actualidad. Y cierto es, la naturaleza caleidoscópica de este tipo de filmes episódicos no permite especialmente el desarrollo en profundidad de lo que presenta en la pantalla, pero tampoco por ello su resultado carece absolutamente de calidad e interés.

El título más sonado de este tipo de propuestas fue Paris, je t’aime, que desembarcó allá por el 2006 en el omnipotente Festival de Cannes. En tono de comedia romántica, las teselas que formaban el mosaico de Paris, je t’aime estaban pintadas por nada menos que veinte prestigiosos cineastas. Divididos entre los arrondissements parisinos, los diferentes cortos conforman un sólido y agradable resultado en el que, con sus altos y sus bajos, destacan ciertas historias y miradas. Por ejemplo, Gus Van Sant entrega un poco de su mejor cine de silencios y paréntesis, retratando una atracción entre dos chicos en una vieja imprenta; los hermanos Coen impregnan de su irreverente y violento humor un desafortunado contacto visual en el metro; Walter Salles y Daniela Thomas exponen su sutil cine social a través de la nana que le canta una inmigrante sudamericana a su niño que se ve obligada a dejar en la guardería para cuidar del de una acomodada mujer; Isabel Coixet ofrece otro a sus delicados dramas con la recuperación del amor perdido de un matrimonio que se ve sacudido por el destino y la enfermedad; Alfonso Cuarón sorprende en la sencillísima historia de una mujer y un hombre que caminan mientras hablan sobre una tercera persona que los une; Olivier Assayas ofrece otra de sus estimulantes e inteligentes escenas nostálgicas en la que una actriz consigue un hachís muy potente en una fiesta; Tom Tykwer alcanza una de sus cumbres -su corto, True, ya había sido presentado en 2004- con la historia del conmovedor romance entre un ciego y una actriz; Alexander Payne cierra la función con quizás la mejor pieza, sobre una humilde turista norteamericana que viaja sola por Europa y recita en francés lo que más le gusta de París. Y todo ello, junto a los que no nombramos, con un reparto que quita el hipo: Steve Buscemi, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Natalie Portman, Ben Gazzara, Gena Rowlands, Nick Nolte, Maggie Gyllenhaal, Bob Hoskins, Fanny Ardant, Catalina Sandino Moreno, Leonor Watling… Paris, je t’aime hizo, voluntaria o involuntariamente, una marca en las películas de episodios.

Tras su éxito, se comenzó a gestar el proyecto Cities of Love, bajo la tutela del productor Emmanuel Benbihy, que dirigió las escenas de transición en Paris, je t’aime. Teniendo muy en cuenta el filón comercial que una idea como esta podía suponer entre el gran público, el francés movió hacia la industria americana la segunda edición. New York, I love you (2009) fue la película que intentaba repetir la hazaña, y también la que demostró que una buena idea no garantiza el interés de sus siguientes entregas -o, dicho de otra manera, ¿segundas partes nunca fueron buenas?-. El listón estaba alto, y esta vez la lista de talentos tampoco estaba al mismo nivel. En ella destacan, sobre todo, Fatih Akin, que lleva a la Gran Manzana sus profundos dramas sobre la inmigración y Shekhar Kapur, que adapta con elegancia y tiento una pieza del fallecido Anthony Minghella, o incluso el primer trabajo como directora de Natalie Portman, y aportaciones más o menos regulares de Mira Nair o Joshua Marston. New York, I love you resultó ser un sucedáneo bastante mediocre, que incluso rechazó el debut tras la cámara de Scarlett Johansson y el trabajo del gran Andrei Zvyagintsev, por -al parecer- no casar con el conjunto. Su fracaso de crítica y público, sin embargo, no alejó a Benbihy de continuar su Cities of Love: años después se anunciaron sus posibles secuelas, en Río de Janeiro, en Shanghai, o incluso en Jerusalén. Parece que la encantadora idea de Paris, je t’aime se ha convertido ya en una franquicia que amenaza con facturar comida rápida en vez de lo que deberían ser delicatessens.

Alejados ya de macroproyectos, este año llegó al certamen de la Costa Azul –a su sección Un Certain Regard, tal y como Paris, je t’aime en 2006- una propuesta más pequeña que seguía esta estela, y que intentaba darle un nuevo aire a la idea. 7 días en La Habana es también una película formada por cortos independientes de respetados cineastas, en la que la ciudad actúa como el elemento principal de las historias, que ya no tienen un tema común -el amor, en las anteriormente nombradas-. El novelista y periodista cubano Leonardo Padura se lanza al guion de cine escribiendo el libreto de las siete historias, lo que intentaría darle una cohesión formando un esqueleto sobre el que luego los directores colocarían su músculo. Los aclamados Pablo Trapero, Laurent Cantet (no lo olvidemos, Palma de Oro en 2008 por La clase), Gaspar Noé, Elia Suleiman y Julio Medem acompañan al único director cubano de la cinta, Juan Carlos Tabío, y el debut tras las cámaras de Benicio del Toro. Este mismo abre la película, con un americano que acude a la Escuela de Cine de La Habana; Trapero sigue a Emir Kusturica en su viaje a la ciudad para recibir un premio; Medem hace alarde de su colorido romanticismo con el amor entre un productor español y una cantante habanera; Suleiman se retrata a sí mismo con su típico surrealismo deadpan mientras espera una reunión con Fidel Castro; Gaspar Noé vuelve a su oscuro efectismo entre exorcismos y relaciones lésbicas; Tabío expone su costumbrismo en el día a día de una habitante de la ciudad; y Cantet se adentra en las preparaciones de una ceremonia religiosa por parte de un abnegado barrio. Sin embargo, 7 días en La Habana fue también recibida tibiamente. Si el saber hacer de los cineastas que se apuntan a estos proyectos no consigue que las propuestas sean redondas, ¿vale la pena seguir intentándolo? No conocemos la respuesta, pero, sabemos, por lo que hemos visto hasta ahora, que dentro de ellas suele haber cosas que son más que agradables.

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2 Respuestas a “París, Nueva York, La Habana: ¿os amamos?

  1. La película totalmente fallida, curiosamente la mejor historia es la de Benicio Del toro. En teoría la que debía ser menos redonda. Cosas que pasan imagino y como dices, ciudades míticas, por lo general dan películas que no lo son y mas, cuando se reúnen directores y cada uno aporta su trocito…Cuidate

    • Ese es quizá el problema, que al estar concebidas sus piezas de una manera independiente la propuesta no alcanza la cohesión necesaria, y por ello cabría pensar que el guion de Leonardo Padura redondearía más ‘7 días en La Habana’. Pero, ciertamente, el resultado final atiende a muchos otros aspectos: quizás el esfuerzo de los directores en dar lo mejor de sí -o no hacerlo- en una obra considerada “pequeña” en su filmografía es crucial.

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