Lo que oímos: ‘Kool Thing’ (Sonic Youth, 1990) en ‘Simple Men’ (Hal Hartley, 1992)

Kool Thing (Sonic Youth, 1990) en Simple Men (Hal Hartley, 1992)

Cibrán Tenreiro –

Últimamente me pasa: estoy viendo una película y la música me enfada. A veces el score original y otras veces, canciones sueltas. Me enfada porque se excede. Es como tener una señal enorme que te indica como tienes que sentirte. Risa, llanto, miedo o lo que sea. Como un amigo pesado que te explica los chistes cuando ya los has entendido. ¡Le quita la gracia! La música en el cine da para mucho más. Uno de los motivos porque el cine es, o puede ser, tan potente, es porque en el caben todas las otras artes. La música puede impregnarse de las imágenes hasta que no podemos separarlas nunca más. Puede generar una densidad de significado enorme. Si se hace bien. Si se hace mal, empobrece la película y empobrece la música. Lo que quiero hacer aquí es hablar de algunos de esos momentos en los que una canción se funde con una secuencia y no vuelve a ser lo mismo.

Simple Men tiene uno de esos momentos. Hal Hartley tiene habilidad para conseguirlos. Probablemente no es culpa suya, pero el cine indie, en el momento en que terminó por convertirse en un género, empezó a salpicar sus películas con música independiente. Tal vez buscando estos momentos. Tal vez porque perdió su auténtica independencia: creció el presupuesto y crecieron las reglas que no se podían romper. Y aparecieron las películas sobre la pérdida de la inocencia de chicos inadaptados que viven en suburbios americanos y escuchan a Lou Reed porque se sienten solos y él les comprende. Luego encuentran a una chica que escucha a los Smiths y se quejan juntos de lo dura que es la vida, alguno de ellos pierde la virginidad, etc. Todos los que nos sentimos igual alguna vez nos dejamos engañar por esos trucos baratos y nos descargamos la banda sonora.

Pero si veis Simple Men descubriréis que os estaban estafando. En esta secuencia, la música no está de adorno. Hay un baile espontáneo y poco convencional. Esto no es solo uno de esos instantes geniales de digresión en los que la película se toma un respiro y deja de avanzar. Aquí, esta banda aparte está expresando sus emociones. El conflicto está en la música y en el baile. Los diálogos nos avisaron antes:

“No existe la aventura. No existe el romance. Sólo existen los problemas y el deseo. Sí, y lo raro es que cuando deseas algo te metes en problemas y cuando eso sucede ya no deseas nada.”

Es cierto. Estos personajes tienen deseos y problemas. Están desplazados de la función que querrían tener. Están obligados a jugar un papel que no les gusta. Y se mueven sin rumbo: Elina (Elina Löwensohn) empieza el baile. Persiguen sus deseos: Dennis (Bill Sage) la sigue. Ella es la novia de su padre, un activista radical, y él la ha besado en la escena anterior. Se mueven uno alrededor del otro, pero es complicado. No hay seducción, vuelven los pasos de baile. Necesitan movimiento, catarsis: también Martin (Martin Donovan), el que justo antes había gritado que no soporta la calma, los sigue. Cada uno a su manera, se coordinan. El mismo travelling que antes seguía a Elina, los sigue ahora a los tres. Son un grupo, un todo anárquico.

Pero algo se cruza en su camino. Dennis (Robert John Burke) y Kate (Karen Sillas) están oyendo la misma música. Se balancean en el mismo eje, cerca pero sin llegar a unirse. Kool Thing puede leerse como una canción de seducción. Al fin y al cabo, es un dueto improbable entre Kim Gordon y Chuck D. Pero es una canción de Sonic Youth, y es evidente que hay en ella rabia y violencia. En ellas siempre hay choques. En la imagen se está dando todo eso. La trama es compleja: Dennis y Bill son hermanos y buscan a su padre, que huye de la justicia. Igual que Bill, un ladrón que ha sido traicionado por su novia y su socio. Siguen la pista y no llegan muy lejos. Están en Long Island, en el bar de Kate, que está nerviosa porque su marido ha salido de la cárcel y puede estar muy cabreado. Martin era el mejor amigo de su marido, pero cuando el se marchó le pidió matrimonio. Ella lo rechazó. Y ahora se siente atraída por Bill, pero no sabe nada de su vida. El peso de todo lo que les ha pasado está ahí. Lo que hace Hartley, tal como lo describió Sergi Sánchez en su libro Las variaciones Hartley, es “sustituír el contenido narrativo de una escena dialogada”. La música y la imagen lo contienen todo.

La cámara se olvida de lo que estaba haciendo y solo tiene ojos para Bill y Kate, igual que ellos solo tienen ojos el uno para el otro. Kim Gordon canta Sit down beside me, there’s something I gotta ask you. Al fondo, la coreografía ha salido de campo por su cuenta. Cuando vuelve a entrar, la cámara vuelve al mismo sitio con ellos. Martin sigue bailando. Ya ha automatizado su papel, pero mira obsesivamente hacia Bill y Kate, que ya no están en en plano. Genera tensión. Cuando la cámara vuelve a la izquierda con el baile, se olvida de la pareja como si fueran una columna más. Ni siquiera los enfoca, pero hemos visto suficiente. Ya no se dan la espalda, y sus caras no podrían estar más cerca.

Hemos visto un baile, pero no sólo eso. Hemos visto un vínculo entre Elina y Dennis. Hemos visto avanzar la relación de Bill y Kate. También la frustración de Martin. Hemos visto un momento de coincidencia de los personajes, en el que han formado parte de un conjunto con características comunes. Personajes de una road movie que no irá más lejos. La letra también dice When you’re a star, I know that you’ll fix everything. Esto es 1992, plena fiebre del grunge y el rock alternativo. Parece un momento importante, generacional. Es la tercera película de Hal Hartley, la de mayor presupuesto hasta ahora. Es uno de los referentes del cine indie. Sonic Youth fueron la primera gran banda independiente que firmó con una multinacional (bueno, una de las primeras). No sé si su condición de estrellas, a su nivel, sirvió para cambiar demasiado. La tensión de la creación independiente acabó por desaparecer en favor de los mecanismos de la industria. Después del baile, los personajes discuten sobre la carrera de Madonna. Un diálogo nos devuelve la cuestión:

– Las canciones de amor suelen hablar de debilidad.
– Se puede aprender mucho de la música pop.


* Hal Hartley es uno de los directores americanos más relevantes de su cine independiente. Sólo que, en algún momento, sin que los motivos estuvieran muy claros, dejó de ser uno de los favoritos de la crítica. Ha seguido manteniendo las claves de su estilo y su independencia. Escribe, dirige, produce y compone la música. El Festival de Cine de Gijón publicó el fantástico ensayo
Las variaciones Hartley, de Sergi Sánchez, con motivo de una retrospectiva.

** Sonic Youth son, probablemente, la última banda crucial de la historia de la música pop. Su estilo trasciende géneros y etiquetas. Conjugaron el éxito internacional con un estatus artístico indiscutible y una coherencia intachable. Sus miembros han colaborado en cientos de proyectos de diversas disciplinas. El divorcio de Thurston Moore y Kim Gordon (guitarra y bajo) el año pasado parece haber puesto fin a su trayectoria.

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