Ben Affleck, una sorpresa que pocos esperaban

Hace cinco años pocos podrían pensar en Ben Affleck como un director de cine sólido y admirado, digno del respeto de gran parte de la crítica y el reconocimiento de sus colegas. En 2007 veía la luz Adiós pequeña, adiós y eso cambió. La cinta dejó a muchos con la boca abierta y sirvió para que el estilo de Affleck detrás de las cámaras se comparase con el mismísimo Clint Eastwood. Pero, ¿de dónde le viene el talento al actor, director y guionista? Su filmografía como intérprete no es para echar cohetes, entre comedias románticas, thrillers de acción y películas de superhéroes no hay mucho hueco para grandes títulos, pero sí hay muestras de cine de calidad. Y este viene de la mano de su amigo Kevin Smith, que convirtió a Affleck en el estandarte de su cine freak y gamberro, convertido ya en todo un icono generacional. Títulos como Mallrats (1996) o Persiguiendo a Amy (1997) sirvieron para que el entonces desconocido actor se abriese hueco y demostrase su desenvoltura frente a las cámaras. Y esta desenvoltura le sirvió para protagonizar taquillazos como Armageddon, (Michael Bay, 1998) Algo que contar (Don Roos, 2000) o Pearl Harbor (Michael Bay, 2001) y afianzar su status como estrella de Hollywood.

Pero Affleck no es una estrella al uso, lo primera oportunidad para ver que detrás de intérprete había algo más llegó en 1997. Junto a su colega Matt Damon firmó el libreto de El indomable Will Hunting, dirigida por Gus Van Sant, uno de los mayores éxitos de aquel año cinematográfico entre público y crítica. Además de alabanzas por su participación como intérprete en el film, Affleck se llevó a casa un Oscar (compartido con Damon) al mejor guion original, haciendo ver que detrás de su nombre se escondía algo más que un actor revienta taquillas. A pesar de todo, su carrera discurrió por caminos de lo más convencionales, títulos sin demasiado interés se sucedieron y la imagen de actor del montón sin grandes aptitudes siguió creciendo. Sus méritos interpretativos no llamaron demasiado la atención, hubo que esperar a 2006 para volver a disfrutar de la mejor versión de Affleck frente a las cámaras. Hollywoodland (Allen Coulter) un film oscuro sobre el Hollywood de los años 50, le sirvió para reconciliarse con la crítica y para demostrar que su talento no se había desvanecido en el camino. La copa Volpi en el festival de Venecia certificó su gran trabajo y a partir de ahí las cosas fueron mejorando.

Con el estreno de Adiós pequeña, adiós, Affleck despejó todas las dudas, es más, rebasó todas las expectativas depositadas en él. Con este oscuro drama sobre la desparición de una niña en uno de las barrios más sórdidos de Boston se hizo con el favor unánime de la crítica y colocó su nombre entre los de los grandes directores del momento. Sus siguientes pasos no hicieron más que certificar su gran capacidad para contar buenas historias. Con The Town (2010), un thriller sobre una banda de ladrones que prepara su gran golpe, Affleck volvió a demostrar que a la hora de manejar los tiempos, crear tensión dramática y desarrollar personajes oscuros y complejos lo tenía todo aprendido. Otra vez éxito de taquilla y alabanzas por parte de la crítica. The Town fue su confirmación después de la sorpresa que supuso su primera película tras las cámaras. Con estos antecedentes es normal que Argo (2012), su tercer largometraje como realizador, haya sido uno de los estrenos más esperados de la temporada y se haya colado en todas las quinielas de cara a las inminentes entregas de premios. Estrenado fuera de concurso en San Sebastián, es según la crítica la mejor cinta de Affleck hasta el momento. Mezcla de thriller político, drama personal y comedia, la película está despertando aplausos allá por donde pasa y la crítica se riende ante sus méritos. La historia real del secuestro de la embajada estadounidense en Teherán en 1979, y la posterior operación de rescate basada en la simulación del rodaje de una película, sirve para que Affleck construya a lo largo de dos horas un entramado de intriga y tensión, enriquecido por un reparto compuesto por nombres tan brillantes como Alan Arkin, Bryan Cranston o John Goodman. Argo es el paso definitivo en la carrera de un director del que muchos esperaban muy poco y que se ha revelado como un nombre fundamental en el nuevo cine de Hollywood. Experto en jugar con el tiempo para crear tensión y enriquecer la carga dramática, capaz de construir personajes sólidos que van más allá del esquema del thriller y lo suficientemente valiente para cargar sobre sus espaldas con el peso de producciones complejas, Ben Affleck demuestra que es un nombre a tener muy en cuenta, cuya carrera promete dar grandes satisfacciones al público adepto a las historias oscuras y adultas.

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