Los imprescindibles del 2012

El penúltimo de nuestros especiales de lo mejor del año se lo dejamos a una de las secciones que menos tiempo llevan con nosotros. En Los imprescindibles queremos homenajear y acercarnos a la obra de algunos de los mejores autores del cine, tanto actual como pasado, desde cuatro puntos de vista diferentes: uno por cada película en la que nos adentramos. Claro está, para ello tenemos en cuenta a autores importantes, con extensas carreras y obras jugosas, interesantes y fructíferas; aunque se nos queden fuera nuevos y jóvenes cineastas que nos hayan llamado la atención desde hace ya tiempo. Este año que cerramos ha traído a las carteleras las nuevas películas de directores cruciales, y nosotros elegimos ocho de ellos, el doble de puntos de vista de nuestra sección, para recordarlo. Aquí no encontraremos a esos jóvenes cineastas que han hecho nuestras delicias esta temporada (Andrea Arnold, Andrew Dominik, Giorgos Lanthimos, Paolo Sorrentino, Steve McQueen…), pero ya habrá tiempo para hablar largo y tendido de ellos. ¿Qué imprescindibles nos han regalado algunos de los mejores estrenos del 2012?

Uno: Martin Scorsese

Martin Scorsese

El inspirado homenaje de Martin Scorsese al origen del séptimo arte de la mano de Georges Méliès, La invención de Hugo, nos devolvió este año a uno de los mejores autores estadounidenses de la historia del cine. Uno de los responsables de la revitalización del cine norteamericano, y uno de los más influyentes directores de la modernidad, irrumpió en lo más alto del cine con su visceral y contundente Taxi Driver (1976) y se mantuvo inamovible a lo largo de las décadas con títulos como Toro salvaje (1980), Uno de los nuestros (1990) o Infiltrados (2006). Scorsese es parte fundamental de los últimos cuarenta años de cine. Tiene un estilo virtuoso, arraigado con fuerza en el clasicismo americano y en la modernidad. Además, su carrera no solo se forja en la ficción y en su temática fetiche -la violencia, la redención, la comunidad italo-estadounidense-, sino que también tiene una interesante faceta de documentalista con la música y la divulgación de la tradición cinematográfica como ejes principales. Nunca es mal momento para recuperar a un grande. D.G./C.T.

Dos: Béla Tarr

Béla Tarr

Para hablar de Béla Tarr hay que hacer de tripas corazón. Mientras se decidía entre ser filósofo o director de cine, Tarr debutó con Nido familiar (1979), tras la que rodó películas como La condena (1988), Sátántangó (El tango de Satán) (1994) o Armonías de Werckmeister (2000). Sus cintas son de -muy- larga duración, y sus representaciones, atmósferas inquietantes, tétricas y claustrofóbicas, en las que degrada a sus personajes despojándoles de cualquier esperanza vital quitándole razón de ser a esa cosa llamada humanidad. Y sobre todo, equipara el tiempo cinematográfico con el tiempo real, algo que sin duda repele a la mayoría de los espectadores, y atrae a una curiosa minoría. Tarr es sinónimo de cine puro, desnudo y oscuro, crudo y difícil, existencial y filosófico, y tras rodar El hombre de Londres (2007) con Tilda Swinton, este año presentó su último film, El caballo de Turín (The Turin Horse), tras el que se retirará, para recordarnos una vez más que el cine puede ser un instrumento para más que para pasarlo bien y divertirse. Para mucho más. D.G.

Tres: Alain Resnais

Alain ResnaisResnais ya viene de vuelta de todo. Más de una veintena de películas en su haber desde su debut en el largometraje de ficción -tras haber elaborado cortometrajes y documentales junto a Chris Marker- con la aclamadísima Hiroshima, mon amour (1959) dan buena cuenta de que el ahora nonagenario francés es uno de los cineastas más importantes de la historia. Junto a Jean-Luc Godard y François Truffaut abanderó la cacareada nouvelle vague, y, a diferencia del primero, cuyo estilo ha derivado en la confección de complejas obras experimentales, el de Resnais sigue acercándose al cine convencional, pero creando nuevos puntos de vista y nuevas deformaciones del séptimo arte. Y qué se puede esperar del director responsable de obras cumbre del cine tales como la rompedora El año pasado en Marienbad (1961), que deslumbró y sigue deslumbrando con su festín del surrealismo críptico y desconcertante. Este año llegó su Las malas hierbas a los cines, demostrando que su estado de salud es inmejorable. D.G.

Cuatro: Hirokazu Kore-eda

Hirokazu Kore-eda

Hirokazu Kore-eda es un joven autor, sí, pero uno cuyas películas demuestran su gran capacidad como cineasta. Las suyas se podrían describir como películas complejas que cuentan con sencillez historias tristes llenas de momentos luminosos. Películas sobre la familia, el paso del tiempo, la infancia, la vejez, la soledad, la amistad. Películas que hablan de la vida. Sobre la carrera del japonés -heredero de la sensibilidad y maestría del imprescindible Yasujirō Ozu- no hace falta contar demasiado, reconocido internacionalmente, alabado en todos los festivales del mundo, se ha convertido por méritos propios en uno de los referentes más importantes del cine contemporáneo: desde sus primeras reflexiones post-mortem Maborosi (1995), After Life (1998) y Distance (2001), su fascinante retrato sobre la infancia y el abandono Nadie sabe (2004), su aventura samurái Hana (2006), su bellísima postal familiar Still Walking (Caminando) (2008), su fábula plástica Air Doll (Muñeca de aire) (2009) hasta su reciente juego infantil Kiseki (Milagro). C.S./D.G.

Cinco: Wes Anderson

Wes Anderson

El cine de Wes Anderson, a medio camino entre lo absurdo y lo brillante, demuestra un carácter, si joven, único. El director texano crea un mundo propio con cada una de ellas: uno excéntrico, absurdo y posmoderno, en el que concibe comedias que suelen protagonizar sus colaboradores habituales (Owen Wilson, Bill Murray, Jason Schwartzman…), que incluso se ven envueltos en su creación (Wilson, Schwartzman y Roman Coppola -hijo de Francis Ford- son co-responsables de sus guiones). Y como guinda del pastel, una importante presencia de música rock, pop e indie -cuando no la compone Alexandre Desplat-, y una espléndida fotografía basada en colores primarios. Su original comedia de instituto Academia Rushmore (1998), su excéntrico retrato familiar Los Tenenbaums (2001), su zambullida en el surrealismo pop de Life Aquatic (2004), su extravagante road movie Viaje a Darjeeling (2007), el inspirado stop motion de Fantástico Sr. Fox (2009) y su reciente y emocionante delicia romántica Moonrise Kingdom son buenas muestras de su talento. D.G.

Seis: Terence Davies

Terence Davies

El cine de Terence Davies, como volvió a demostrar en su última The Deep Blue Sea, es una suerte de nostálgico retrato de la clase media-alta de una época, la de la posguerra británica, a través de un preciosista prisma que refracta una imagen refinada y onírica, densa y ligeramente cargante, que intenta transmitir la opresiva atmósfera de aquellos años. Excepto su drama de comienzos del siglo XX La casa de la alegría (2000), sus películas están ambientadas en un pequeño abanico temporal que engloba los años 40 y 50, como se puede ver en Voces distantes (1988), El largo día acaba (1992) y La Biblia de neón (1995). Su filmografía se hace eco de una elegancia decadente, la yerma añoranza de los que han perdido la esperanza y los conflictos sentimentales de la vida, el amor y las relaciones personales, que siguen en plena ebullición aun cuando las condiciones no sean las mejores. El liverpuliano presenta sus melodramas en partituras musicales suspendidas en el aire, que mantienen intocable su gélido encanto, su brillo casi surrealista. D.G.

Siete: David Cronenberg

David CronenbergUna película tan probadamente divisiva como Cosmopolis, la última obra del cineasta canadiense, probablemente uno de los más excéntricos y personales de la historia, ha acabado encaramándose a lo más alto de buena parte de los ránkings de lo mejor del año. Y es que, un director que forjó sus comienzos en el cine experimental y la ciencia ficción y el terror de los años 70, y que fue labrándose a lo largo de los años una posición en lo más alto del panorama mundial, no es muy habitual. Tras volar lejos del gueto de las películas de culto -el de Scanners (1981) o Videodrome (1983), por ejemplo- gracias a su incansable talento, obras como Inseparables (1988), Crash (1996), Una historia de violencia (2005), Promesas del este (2007) o Un método peligroso (2011) le han valido reconocimientos en todos los festivales y premios habidos y por haber. El autor del horror corporal, de la fría y extraterrestre disección de los miedos, emociones y vicios humanos, la violenta y aséptica provocación, se vuelve últimamente casi convencional, y por ello asusta más. D.G.

Ocho: Leos Carax

Leos Carax

El personaje de Leos Carax despierta tanta curiosidad como sus películas, y ambas son completamente atípicas. Filmó Chico conoce chica (1984) con veintitrés años y sin experiencia. Entre esa y Mala sangre (1968) se convirtió en uno de los favoritos de la crítica, que veía en él al heredero del espíritu de Godard o Rivette. Y entonces dinamitó su carrera con Los amantes del Pont-Neuf (1991), que se convirtió en la película más cara del cine francés en aquel momento. Nadie quería ya producir una película a un enfant terrible, megalómano y derrochador. La suya es una carrera rara, excesiva, vibrante. Carax parece un rebelde, un indómito. No rinde cuentas a nadie más que al cine, y, tras la incomprendida Pola X (1999) y su episodio Merde para la película colectiva Tokyo!, de repente reaparece este año con Holy Motors. Como sacado de otra época en la que el malditismo tenía más sentido. Y vuelve a primera línea como si siempre hubiera estado allí, sin que esté claro qué ha hecho en sus ausencias. Ni cuánto hay de mito y cuánto de verdad. C.T.

Como siempre, en estas listas hay sitio para más: ¿qué imprescindibles echáis de menos?

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