¿Qué le pides al cine?

Gangster Squad (o aquí, Brigada de élite) es una película tan nueva que no tiene nada de nuevo. Es rabiosamente moderna, pero más bien dentro del estereotipo de lo que es una manera de filmar moderna (léase sin rintintín: las salas no estarán llenas de modernos para verla). Es muy disfrutable hoy, pero mañana la habremos olvidado. Es completamente intrascendente, y transmite la sensación de que a sus responsables no les importa lo más mínimo. Esto es lo que enervará a algunos, pero es lo que le da un valor considerable como producto de consumo. No hay que enfadarse. No es una película pretenciosa, por eso no es buena y por eso no merece que seamos intransigentes con ella. Al no arriesgar no se gana, pero tampoco se fracasa.

Expliquémoslo mejor. El film de Ruben Fleischer cuenta la historia de un policía honesto en un mundo corrupto. En este caso, el Los Ángeles de 1949, en el que el gangster Mickey Cohen (Sean Penn) posee el control sobre la ciudad, sobre la policía, los jueces y el ayuntamiento. Nadie se atreve a testificar contra él. Nadie quiere perder todo lo que tiene enfrentándose, salvo John O’Mara (Josh Brolin), que es el arquetipo de ese agente incorruptible que ha dado tanto juego en la historia del cine. Está en la línea que va del Glenn Ford de Los sobornados (el aspecto familiar de O’Mara es clave, como en aquel) al Russell Crowe de L.A. Confidential pasando por el Serpico que interpretó Al Pacino. Al final siempre es lo mismo. La honestidad es un coñazo para un sistema corrupto, no trae más que problemas al honesto y al que no lo es (es el tema de The Wire, que es la obra que lo ha llevado más lejos). Pero un sistema sin problemas, corrupto o utópico, no tiene historias que contar. Por eso es mucho más divertido leer la prensa hoy que hace cinco años. Y por eso O’Mara es un elemento narrativo que funciona como un reloj.

Ryan Gosling y Emma Stone ejercen de guapos en 'Gangster Squad'La historia narra como O’Mara monta un equipo (la citada “Gangster squad”) para enfrentarse a Mickey Cohen. No puede deternerlo, porque quedará libre. No puede matarlo, porque otro ocupará su lugar. Así que la opción es arruinar todos sus negocios. Se busca una serie de arquetipos: un tirador (con su compañero mejicano), un cerebro, un negro… Son divertidos a través de buenas interpretaciones y aciertos de casting. Se les une también Jerry Wooters (Ryan Gosling), que ejerce de guapo y que, por si fuera poco, tiene una relación con la amante del villano (Emma Stone).

Y, a partir de ese argumento, arrancan la violencia y el desenfreno, y la película camina firme. Se puede medir por la interpretación de Sean Penn, que esta vez si tiene una verdadera excusa para ser histriónico. Igual que él, hay una intención de llamar la atención en cada frase, en cada plano. Y se consigue, aunque esa atención es, por lógica, extremadamente breve. La violencia sigue esa estética espectacular basada en ralentizaciones y explosiones que tan bien ha trabajado Scorsese pero vaciada de contenido. Así es aún más asimilable. Los diálogos son resultones, y se pasea por la pantalla gente guapa o, en su defecto, caras conocidas. Es toda una montaña rusa de planos secuencia y disparos, frases ingeniosas y momentos de suspense, llamas y dinero y clubes y coches de los años cuarenta. El guión no es que sea muy sólido, ni los personajes muy profundos, ni las secuencias memorables, pero eso es secundario porque todo pasa demasiado rápido como para darse cuenta. Para bien o para mal, el cine también sirve para esto. Antes de pagar la entrada, pregúntate qué le pides.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s