La luz de un nuevo horizonte

El cine político es un género especialmente complicado, ofrecer un retrato sólido y convincente de un hecho histórico conocido y documentado implica muchos riesgos y no caer en juicios morales o visiones sesgadas puede resultar tarea complicada. Además, a la hora de enfrentarse una historia de este tipo existe la necesidad de ofrecer algo más, profundizar en lo ya conocido y acercar al espectador una perspectiva atractiva de lo que ya conoce. Pablo Larraín se ha convertido en su corta carrera en un experto en este tipo de cometidos, con Tony Manero (2008) ofreció un retrato peculiar y certero de los años más oscuros de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile y con la posterior Post Mortem (2010) se adentró en las profundidades del golpe de estado que derrocó a Allende e inició la etapa más negra de la historia reciente del país andino. Con estos antecedentes No, el último trabajo de Larraín, se presentó en la Quincena de Realizadores de Cannes con las expectativas en todo lo alto, de allí se llevó el aplauso unánime de la crítica y el premio a la mejor película de su sección. Su candidatura al Oscar al mejor film en lengua no inglesa la convirtió en la primera cinta chilena de la historia en optar al galardón, un grato reconocimiento para un cineasta que con su trabajo revisita el pasado reciente de su país para aportar luz y ayudar a curar heridas abiertas.

No nos traslada al año 1988, Chile empieza a despertar de la pesadilla y las presiones obligan a la dictadura militar de Augusto Pinochet a convocar un plebiscito para refrendar su posición de poder. La posibilidad de echar del poder a la cúpula gobernante parece algo irrealizable, pero un equipo integrado por miembros de todas las facciones opositoras del país empieza a trabajar para conseguir mobilizar a un pueblo desconfiado, que todavía arrastra el miedo heredado de un pasado atroz. Al frente de la campaña que intentará movilizar a los ciudadanos se sitúa René Saavedra (Gael García Bernal), un exitoso publicista que ha regresado recientemente al país después de su exilio en México. La misión que se le confiere es complicada y no está exenta de riesgos, él decide aceptarla y pone todo su empeño en diseñar una estrategia valiente, moderna y optimista que haga frente a un régimen omnipotente y consiga despertar la ilusión y la fuerza en una sociedad descreída y falta de confianza. A través de los ojos de René el director nos introduce en la realidad de un tiempo histórico incierto y todavía oscuro, en el que nuevos horizontes empiezan a atisbarse aunque un tanto borrosos. La película deja de lado cualquier tentación épica o grandilocuente y funciona a la perfección como radiografía social y humana. La incertidumbre, la ilusión y el miedo son los sentimientos que mueven a un grupo de personajes que lucha por ofrecer un futuro mejor a su país haciendo frente a amenazas y manipulaciones.

La cinta está rodada con una cámara de vídeo U-matic, que aporta al film un aspecto de vídeo casi doméstico. El resultado es la sensación de estar contemplando imágenes de un documental sobre la época en el que la cámara es testigo presencial de los acontecimientos. Como espectadores nos adentramos en los entresijos de un proceso apasionante, nos empapamos de una realidad que nos resulta próxima y que consigue mantenernos en continua tensión. El uso de imágenes reales de la campaña y de la cobertura que la televisión del régimen hizo de la misma aporta todavía más a esa sensación de estar siendo testigos de la realidad misma. La película consigue resultados sobresalientes en varios frentes: es un thriller político de primer orden, cargado de emoción e intriga; funciona como retrato de una sociedad combulsa que hace frente a un momenteo trascendental para su desarrollo y es un excelente drama humano sobre las personas implicadas en un trabajo valiente y decisivo en el que se juegan mucho más que su prestigio profesional. Por todas estas razones No es una película fundamental, un trabajo inteligente y honesto que arroja luz sobre un hecho trascendental de la historia reciente de Chile y consagra a un director ingenioso y valiente al que hay que tener muy en cuenta.

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