Soledad, vergüenza, desesperación

boy-eating-the-birds-food-002Hay películas que funcionan como signo de los tiempos que nos tocan vivir. Nuestro mundo lleva años desmoronándose y realidades que parecían inconcebibles se suceden en la puerta de nuestras casas. La tremenda crisis que nos asola, que además de económica es moral, hace que pasen ante nuestros ojos historias protagonizadas por seres derrotados a los que el mundo ha dejado a un lado. Si en algún lugar saben de que va todo esto ese es Grecia, el país europeo más cruelmente azotado por la depresión que se ha convertido últimamente en laboratorio de experimentos políticos que juegan a poner a prueba la resistencia y la dignidad de los seres humanos.

A las calles de Atenas nos lleva Boy Eating the Bird’s Food, una nueva muestra del enorme talento que esconden los jóvenes cineastas griegos, que sigue, manteniendo las distancias, el camino abierto por títulos como Canino (2009) de Giorgos Lanthimos o Attenberg (2010) de Athina Rachel Tsangari. El responsable ahora de golpearnos en la cara con la realidad helena es Ektoras Lygizos, que comparte con sus colegas anteriormente mencionados ese gusto por reflejar el sinsentido de lo que nos cuenta a través del extraño comportamiento de sus personajes. Las películas del, llamémosle así, nuevo cine griego nos hablan de personalidades perturbadoras y disfuncionales que responden con sus extrañas actitudes a las dificultades de una vida que los lleva al límite, pone a prueba su humanidad y los aleja de lo que entendemos como normalidad. Boy Eating the Bird’s Food es quizás el retrato más explícito de los efectos que la crisis provoca en el país y en las personas que la sufren, centrándose en esta ocasión en un joven que sobrevive como puede deambulando en total soledad por las calles de una ciudad indiferente a sus desgraciadas cirucunstancias.

boyeatingthebirdsfoodEl chico que come comida de pájaro, así se traduce al español de la película, no es otro que el protagonista absoluto de todo lo que vemos. Un joven que vive en un pequeño piso de Atenas y que apenas establece contacto con otros seres humanos. Su pájaro es su principal compañía y conseguir alpiste para que este se alimente una de sus prioridades, hasta el punto de que en momentos de necesidad extrema es el chico el que come el alimento del animal. Lo que más impresiona de todo lo que presenciamos es que el protagonista que atraviesa tan desgraciada situación es un chico normal y corriente, con una apariencia de joven europeo de clase media al que nos cuesta identificar como un pobre o un marginado social.

Esa es la idea que la película nos traslada, el silencio quizás provocado por la vergüenza con el que muchas víctimas de la penosa situación socioeconómica actual atraviesan esta etapa de oscuridad y desesperación. Boy Eating the Bird’s Food es también un retrato de la indiferencia y el inmovilismo de una sociedad que ve cómo todo se cae a su alrededor y es incapaz de reaccionar, una sociedad paralizada y deshumanizada que parece moverse entre la alienación y la resignación. Boy Eating the Bird’s Food es un síntoma de un mundo enfermo incapaz de dejar atrás los malos hábitos que lo han llevado a tan penosa situación.

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