Inch’Allah, si Dios quiere

Imagen de Inch'Allah Es difícil enfrentarse a Inch’Allah por lo que ello supone. Tener que pensar de una forma fría en quién es el bueno y el malo, quién lleva razón, pensar en las injusticias y en la muertes sin intentar buscar un culpable. Ese es básicamente el papel que tiene Chloé (Evelyne Bronchu), una ginecóloga canadiense que hace su servicio en un campamento de refugiados en Cisjordania, personal de apoyo que “tiene que mantener la cabeza fría y dedicarse a trabajar”, como le dice su jefe. Pero es difícil entender aquello si ves todo lo que Chloé vive día a día. Por un lado, su alojamiento se encuentra en territorio israelita dónde ella hace una vida normal, alejada de todos los sentimientos que afloran cuando cruza el muro que separa ambos territorios. Su vecina y amiga Rand (Sivan Levy) trabaja en puesto militar de control, está harta pero no quiere abandonar. Cuando Chloé le aconseja que se vaya, ella le responde“no se trata de algo que sencillamente se deje”. Por otra parte, Chloé también entabla amistad con gente y pacientes palestinos. Su querida amiga Ava (Sabrina Oauzani), una joven embarazada (una super mujer) la protegerá en los momentos más tensos y conflictos. Le ofrecerá casa y cama, hasta el punto, de que por veces pasa más tiempo en el campamento que fuera. Su pensamiento también empezará a cambiar, Chloé acaba por sentir más por el pueblo palestino, quizá cometiendo el error de posicionarse, identificarse con algo no significa que el conflicto se vaya a resolver solo por eso. Es todo más complicado. E Inch’Allah tiende mucho a enfocarse hacia la forma de ser occidental (representado en Chloé), de creer que por hacer de intermediario se va a resolver el problema de manera diplomática.

inch-allahSu directora, Anaïs Barbeau-Lavalette, sabe como reproducir el ambiente de tensión, nerviosismo e inseguridad permanente del muro para adentro, lo hace de forma honesta siendo consciente del dramatismo de la situación pero dejando ver claros humorísticos que te hacen sonreír crudamente. Un mezcla de sensaciones que se trasmiten al espectador, adentrándolo en el conflicto desde el punto de vista del extranjero “que se encuentra en medio” de los dos bandos y a través de un elenco de personajes casi todos femeninos. Una Chloé que acaba por tener una crisis personal al ver y sentir tantas cosas diferentes y contradictorias. El título de la película que viene a decir “Si Dios quiere” y que a pesar de ser ficción tiene un fondo documental (la forma en que la cámara graba, centrada en los rostros, múltiples perspectivas, etc) viene a desvelar el mensaje que Barbeau-Lavalette quiere transmitir, el de que algún día todo se acabará ”inch’allah”, algún día esas barreras que separan se vendrán abajo con todo lo que ellas significan.

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