El dolor y la memoria

foto-insensibles-7-585Muchos son los que acusan al cine español de ser poco imaginativo, de repetirse constantemente y de ser incapaz de contar historias novedosas y atractivas capaces de llamar la atención de públicos amplios. Aunque sigue siendo muy complicado luchar contra prejuicios absurdos que desprecian lo hecho en casa con argumentos poco convincentes, lo cierto es que cada vez son más los cineastas que se atreven a innovar con sus películas ofreciendo resultados notables que aúnan calidad e interés comercial. En poco tiempo directores como Jaume Balagueró, Rodrigo Cortés o Kike Maíllo se han convertido en un referente en cuanto a talento y ambición se refiere, y han conseguido con sus trabajos demostrar que el cine que se hace dentro de nuestras fronteras puede competir sin complejos con el que se hace en cualquier otro lugar del mundo. Ahora llega el momento de dar la bienvenida a otro cineasta dispuesto a dejar sin razones a los que creen que no hay vida más allá de las españoladas, su nombre es Juan Carlos Medina y el aval de su talento es Insensibles, una cinta a medio camino entre el terror y el drama histórico-familiar que no tiene desperdicio.

Insensibles-imagen-pelicula-6La historia de Insensibles se mueve en dos líneas cronológicas. La primera nos lleva a los oscura España de los años 30, a punto de estallar la Guerra Civil, en un pueblo catalán se descubre a un grupo de niños totalmente insensibles a cualquier tipo de dolor físico. El miedo que tan extraño don provoca lleva a que los muchachos sean recluidos en un siniestro sanatorio en el que tendrán que hacer frente a duras condiciones de vida. La otra historia transcurre en la actualidad, David (el siempre estupendo Álex Brendemühl) es un brillante neurocirujano al que tras un accidente de coche se le diagnostica un cáncer cuya única posibilidad de curación pasa por un transplante, intentando salvar su vida acaba destapando secretos del pasado que lo llevarán al límite. Con estas dos premisas la película construye un entramado que desde un prólogo apabullante nos deja pegados a la butaca. En su capacidad para despertar la curiosidad del espectador radica el mayor acierto de Insensibles, la historia es de por sí atractiva y la forma en la que se narra consigue que el interés no decaiga en ningún momento. El enigma que suponen los niños encantados se desentraña a medida que el protagonista descubre los pormenores de su historia personal y familiar. En una hibridación de géneros casi imposible nos sumergimos en un drama íntimo con connotaciones fantásticas y terroríficas que a su vez vuelve la mirada hacia un hecho histórico que ha sido el origen de muchas otras películas. El hecho de utilizar la Guerra Civil y sus consecuencias y añadir elementos irreales hace que, inevitablemente, recordemos trabajos de Guillermo del Toro como El espinazo del diablo o El laberinto del fauno, a los que se asemeja no solo en su temática sino también en su estilo visual y en su capacidad para crear esa extraña atmósfera, que mezcla el horror de lo que en realidad sucedió con la fascinación ante lo puramente ficticio.

Insensibles es un trabajo valiente y estimulante que desborda creatividad y, por encima de todo, ofrece una dosis de entretenimiento muy disfrutable. Es cierto que a lo largo del metraje hay lugar para momentos un tanto forzados en los que la explosiva mezcla de elementos tan dispares no da los resultados óptimos, pero no cuesta nada hacer un par de concesiones ante un trabajo arriesgado y tan bien resuelto.

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