Describir el chelín

Con la pata quebradaLlevo un día intentado escribir algo sobre Con la pata quebrada y no me salen las palabras. Me he quedado muda ante tanta información y datos desconocidos que no logro asimilar. En los primeros minutos del documental, se nos anticipa de alguna manera que lo que vamos a sentir durante el visionado. Un fragmento de Surcos de José Antonio Nieves Conde anuncia que “va a comenzar la tragicomedia”, unos muñecos de guiñol discuten y el hombre le pega a la mujer, se dan de palos delante de un grupo de niños pequeños que no le quitan los ojos de encima. Y ahora pienso que nosotros (la sociedad) somos de alguna forma ese público infantil. Espectadores atentos en los que han calado ciertos mensajes, que hemos mirado durante tanto tiempo actitudes injustas en las que la mujer siempre era la mal parada. Espectadores que miran con los ojos como platos el documental de Diego Galán. Un puzzle de imágenes con el que vamos a reír, a sorprendernos, alguno puede que hasta llore, pero sobre todo, vamos a salir de la sala con el cerebro dolido.

Con la pata quebrada es un paseo de la mano del director sobre la historia del cine español desde los años 30 hasta hoy centrada en la mujer. Vemos sus pasos adelante coincidiendo con la Segunda República y sus pasos atrás con la Guerra Civil y la época franquista. Idas y venidas, triunfos y atrocidades fílmicas con una actual recuperación que avanza despacito. La de cosas que se han podido ver y escuchar, y cuántos tipos de mujeres: solteronas que se quedaban para vestir santos, mujeres ligeras y muy ligeras interpretadas por unas jóvenes Sara Montiel o Carmen Sevilla, busconas, beatas, adúlteras, casadas y otras que ayudarían a imponer la “moralidad suprema por la patria” como las que salían en Raza (1941), porque también hubo mucho cine al servicio de la ideología política con sus respectivos roles femeninos a seguir. Un mensaje que llegaba a ellas y le decía como tenían que ser, vestir, actuar delante de un hombre, deslomarse para conseguir un marido y casarse. “¿Por qué quedarte sola? Usted también puede hacer feliz a un hombre”, decía la publicidad. “La belleza de las mujeres es su única forma de inteligencia”, se decía en el cine. “La mujer honesta y casada, con pata quebrada y en casa” decía el refranero popular. Decían, decían y decían. Todos decían menos ellas que estaban mudas. Aún en un período de apertura siguieron siendo carne de cañón, ideas descabelladas, suecas y hombres salidos (cómo no), y con el destape vino el despiporre y los desnudos injustificados reflejados en el cine resultado de tantos años de represión. Lo más triste es que es una parodia que no se distancia mucho de lo real.

Si hubiéramos visto las escenas que componen la película de forma independiente sería distinto. Quizá no tendría tanto efecto. El ejercicio de Diego Galán (ávido coleccionador de malas películas o tesoros fílmicos, mírese por dónde se mire) al descontextualizar las películas y colocarlas una detrás de otra hace que se intensifique su significado, pasan a explicarse y defenderse por sí solas, y eso es increíble. La pregunta es cómo no fue hecho antes. Lo que me reconforta es saber por Elvira Lindo que Galán es una especie de enciclopedia con piernas. Con la pata quebrada no pudo existir porque no había alguien tan formado como él y a la vez tan desentendido. En su blog personal, Maruja Torres añadía a su trayectoria profesional otra ocupación más, la de antropólogo cinematográfico. Un trabajo minucioso y de estudio (en este caso concentrado en la mujer) que era muy necesario para entender. Al reflexionar sobre esto pienso en algo muy interesante que decía Virginia Woolf en su ensayo Una habitación propia, “todos tenemos en la nuca una mancha del tamaño de un chelín que nunca podemos ver. Es uno de los buenos servicios que un sexo puede hacer al otro: describir esa mancha del tamaño de un chelín en la nuca”. Galán describe ese chelín a través de la representación de la mujer en el cine. Revuelve recuerdos, refresca la memoria, nos echa una mano poniéndonos en antecedentes y el resto (la superación, el avance) ya es otro cuento.

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