Distribuir cine pequeño y no morir en el intento

DSCN1342¿Qué pasa después de que cierre la mayor distribuidora de cine de autor en todo el país? ¿Después de dar carpetazo a veinte años de un trabajo encomiable, por medio del cual se ha generalizado el mejor cine de festivales a lo largo de toda la geografía española? ¿Después de privarnos de sus estrenos, a la par que reducir su cadena de más de 200 salas a apenas 20? El fin de negocio de Alta Films, la distribuidora que nació allá por el 1969 (nada menos) y que nos permitió ver en la gran pantalla a Michael Haneke, Woody Allen, Ken Loach o Costa-Gavras, por poner solo unos de los ejemplos más conocidos, supuso algo así como un cataclismo para la situación del cine en España. Si la taquilla lleva ya meses consiguiendo los récords más negativos -el pasado fin de semana del 15 de junio fueron al cine poco más de 300.000 espectadores, un 30% menos respecto al peor dato de la historia, recaudando solamente 2.150.857 euros- el cine que no viene aupado por las grandes distribuidoras -o en otras palabras, las películas-apisonadoras y demás productos de las gigantes hollywoodienses-, es el que más lo va a sufrir. Y, por consecuencia, también quien lo maneja. Aún sin Alta, existen muchas compañías que luchan con uñas y dientes por mantener vivo el cine pequeño en las salas españolas, y que van ocupando el espectro que va desde el mumblecore americano hasta los grandes autores europeos. Pero, con todo, persiste una gran pregunta: ¿ya no hay espacio para el cine pequeño en el modelo tradicional de exhibición?

“El mercado es el que es: cada vez menos espectadores en las salas, el DVD a punto de desaparecer, el VOD (video on demand) económicamente irrelevante y la televisión, en general, desinteresada”, cuenta Stefan Schmitz, CEO de Avalon, una de las distribuidoras que trabaja en España, así como en Europa, llevando a las salas desde hace siete años tanto películas ganadoras de festivales como algunas que se han convertido en grandes éxitos durante los últimos meses. 424144_10151262571183178_1481881080_nEntre sus títulos estrenados recientemente, una voluntad joven y arriesgada: Holy Motors, Mapa -exhibida de una forma innovadora: en gira por España junto a su director, León Siminiani- o Laurence Anyways, y documentales-fenómeno como Searching for Sugar Man. Sin embargo, ni esa voluntad ni los éxitos en taquilla (y mucho menos en crítica, como buena parte de estos títulos) garantizan un negocio estable: “Antes, gracias a la explotación de nuestros catálogos en TV y DVD podíamos crear una cierta continuidad para nuestras tesorerías. Ahora, sin esta seguridad, vivimos de película en película y todo depende del resultado en salas. La diferencia entre una pelicula de éxito y una fracasada es cada vez mas grande.”

Y si entre las razones de la crisis se enumeran el descenso del DVD y la poca, esperamos que de momento, ayuda del VOD, llega con ellos el eterno debate: la piratería. Es absolutamente innegable su gran responsabilidad, ligada siempre al poder de Internet e incluso las compañías telefónicas, en la situación actual de la distribución libre. “A día de hoy, la mayor parte de títulos, sean de cine independiente o mainstream, están en alguna plataforma ilegal”, dice Iván Barredo, propietario de Good Films; “no hay manera de hacer nada, y menos aún de competir (véase, los precios), mientras las compañías telefónicas estén ganando un pastón a costa del trabajo y la inversión de otros. Su objetivo es vender banda ancha y hacen creer a los usuarios que, dentro del excesivo precio que pagan por tener Internet y móvil (todo el mundo lo ve como un gasto fijo e imprescindible), ya va incluido en él los contenidos gratis.” Alberto Sedano y Beatriz Alcalá, representantes de CineBinario, hacen alusión, sin embargo, a las grietas que pueden surgir entre la voluntad arrasadora de la cultura de lo gratis y su capacidad para, valga la reflexión, distribuir: “Ahora contamos con Internet, como herramienta muy potente para la difusión de ese “boca a boca” y para la propia exhibición (aunque habría que puntualizar, pues no todos los españoles poseen un ancho de banda y/o equipo que les permita el visando de cine on-line).” Aunque, vuelve a incidir: “lamentablemente, es evidente que este gobierno (y anteriores) está dispuesto a sacrificar la riqueza cultural en pos de los intereses de un puñado de grupos de comunicación transnacionales.”

RebelleEntonces, ¿por qué dejarse los bolsillos distribuyendo el cine independiente? Aunque no se proteja ni espolee desde las altas esferas de las que depende algo tan intangible y necesario como la cultura, su función se antoja más que importante en una situación en la que no se atisba especialmente una esperada mejoría. “¿Quién se distribuyó Reservoir Dogs (de Quentin Tarantino)? Una empresa llamada Cine Company. ¿Quién se atrevió a exhibir en salas Cabeza borradora, de David Lynch? Musidora. Hay cientos de ejemplos que justifican por sí solos la labor y necesidad de que haya distribuidoras de cine independiente”, prosigue Barredo; “Ojalá muchos jóvenes se animaran, a pesar de las dificultades como por desgracia en cualquier sector hoy en día, a seguir por este camino.” Su distribuidora, Good Films, estrena puntualmente algún pequeño, e interesante, título en el cine –Rebelde (War Witch), el último-, en gran conexión con el público a través de las redes sociales y eventos como presentaciones y mesas redondas con cada estreno. “El objetivo principal de Good Films es exhibir buenas películas”, declara; “está claro que las campañas de marketing, el número de salas, las cifras, etc., es muchísimo menor que el cine comercial de las majors. Pero tiene una cosa muy buena y positiva: va dirigido a verdaderos cinéfilos, gente que le da valor a la cultura.”

Nana-3¿Y qué harán las distribuidoras aún más pequeñas, y que prefieren el cine aún más pequeño? CineBinario distribuye desde 2011 desde películas mumblecoreGreta Gerwig mediante– hasta pequeñas joyas muy low-cost de festivales de todo el mundo. “Salirse de lo “convencional” es asumir no estar dentro de la lógica del mercado, asumir que es una labor dura que requiere de mucho trabajo y disfrutar de ello es fundamental”, continúan Alberto Sedano y Beatriz Alcalá; “en definitiva, distribuimos lo que nos gusta y queremos compartir.” Y lo hacen adaptándose a los nuevos modelos de exhibición: por ejemplo, sus últimos estrenos, Nana y Dragonslayer, han tenido lugar en epicentros culturales (Cineteca Madrid) o en una pequeña serie de cines para luego pasearlos por otros, al estilo de Mapa, a la vez que en las plataformas video on demand (Filmin o 400 Films). “Estas formas de distribución están buscando al espectador allá dónde esté (…) y si llega el punto en el que haya que coger una furgoneta, cargar una pantalla, un proyector y un Bluray para que las películas lleguen fuera de las grandes ciudades, allí estaremos. Y no creo que estemos solos.”

Entonces, el terremoto de Alta Films ¿ha cambiado algo? ¿Qué significa que, teniendo mayores infraestructuras que las demás y con importantes cabezas visibles -su propietario, Enrique González Macho, es el Presidente de la Academia de Cine y ha estado en el jurado Un Certain Regard de la pasada edición de Cannes- sea la única distribuidora de su tipo que ha echado el cierre en estos momentos? ¿Sigue habiendo hueco en el mercado español para el cine pequeño? Según Stefan Schmitz, “la desaparición de Alta Films es sintomática. Una distribuidora grande dentro de lo que es el cine independiente es un riesgo enorme debido a sus elevados costes fijos (…) Me temo que en el cine independiente solo infraestructuras muy ajustadas pueden salvarse.” Y, en palabras de Iván Barredo, “resulta más interesante denunciar a los diversos causantes de este problema y solucionarlo cuanto antes. Muchos sectores están tocados, pero no significa que no haya futuro por delante. No entra en mi diccionario “vivir sin esperanza”. Por supuesto que hay esperanza. Pero solo hay un modo de sacar las cosas adelante: estar ahí, hacerlo lo mejor posible y luchar por ellas.”

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