La posmodernidad de Apichatpong Weerasethakul

Uncle Boonmee 3

‘Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas’ juega con el simbolismo oculto de la sexualidad

Las películas fragmentarias con tendencia a reescribirse o referenciarse a sí mismas son la especialidad de Apichatpong Weerasethakul. Gracias a las citadas premisas fílmicas que le caracterizan, el director tailandés se ha convertido en una de las figuras imprescindibles para entender la posmodernidad cinematográfica. Sus trabajos, tan sensoriales como meditativos, despliegan un conflicto de pausado desarrollo que suele resolverse con una excentricidad extrema, a veces tan extravagante que el espectador queda atrapado en la ansiedad de la no-comprensión de su ininteligible significado. A grandes rasgos, la obra de Apichatpong Weerasethakul describe un inaprehensible saber ancestral mediante la paradójica simplicidad de unas pueblerinas historias costumbristas, acompañadas de alusiones a leyendas tailandesas. Las menciones a la nativa mitología popular son representadas a través de furtivas digresiones o rupturas argumentativas aparentemente inoportunas que, en realidad, aportan nuevas connotaciones a sus pastiches metafísicos.

Lo sobrenatural y lo mundano, este último siempre abordado a través de la cotidianidad de una clase social muy específica, conviven en una armonía espiritual sobrecogedora que Weerasethakul optó por rodar de forma fracturada en sus primeros largometrajes. La culminación de este recurso de la segmentación fílmica se da en Tropical Malady, película estructurada en dos partes donde la segunda ficción es una reescritura de la primera en la que se revela el sustrato mítico intuido en la predecesora. En este sentido, la realización de Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas supone la aniquilación total de sus separaciones abruptas. En dicho trabajo, galardonado con la Palma de Oro en el Festival de Cannes, Weerasethakul reúne en el mismo espacio muertos vivientes, bestias salvajes, espíritus del bosque, miembros de la realeza de otra época, campesinos y monjes budistas sin la necesidad de preocuparse por la verosimilitud de la trama.

Esta joya del séptimo arte rodada en 16mm está basada en un libro escrito por un abad del monasterio de Isam en el que se narraba cómo un hombre llamado Boonmee ejercitaba la meditación, y con ella el poder para recordar sus existencias pretéritas. El largometraje de Apichatpong Weerasethakul se centra en un personaje de nombre idéntico y facultades parecidas que, cercano a la muerte a causa de su grave insuficiencia renal, decide emprender un éxodo hacia una cueva donde nació en una de sus primeras reencarnaciones. Antes de adentrarse en la maleza de la jungla, el espíritu de su difunta esposa Huay junto con su hijo convertido en hombre-mono se le aparecen en la primera cena. La naturalidad con la que Boonmee y los demás comensales reciben a los seres de ultratumba provocan una exorbitante estupefacción al espectador, probablemente similar a lo experimentado por el monje budista tras contemplar, atónito, la multiplicidad del yo en otra escena reveladora de Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas.

Uncle Boonmee 2

Apichatpong Weerasethakul reúne en el mismo espacio muertos vivientes, campesinos, monjes budistas…

La presencia de los muertos, sus respectivos deseos y la ayuda que proporcionan a los vivos son temas recurrentes en la filmografía de Apichatpong Weerasethakul. No obstante la cuestión de mayor presencia en las fábulas poéticas del realizador tailandés es el simbolismo oculto en sus formas de representación de la sexualidad. En sus obras hallamos desde exhibiciones impúdicas de una felación, masturbación y coito en Blissfully Yours, película donde la interacción física de los personajes se identifica con el núcleo de la misma narración, a la avenencia transmundana atribuida a dichas prácticas en Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas. El postulado del sexo o el amor como acción igualadora entre seres vivos que defendía Tropical Malady, con los ejemplos del soldado y el campesino o el hombre y el espíritu selvático encarnado en un tigre, alcanza una solemnidad turbadora en Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas cuando se exhiben las relaciones entre criaturas de otras especies u otros mundos. La violación voluntaria de la princesa por parte de ese extraño espíritu de las aguas que adopta la forma de un bagre, o el relatado y no visionado encuentro sexual entre el hijo de Boonmee y una mujer-mono, permanece lejos del morbo y la abominación de La bestia de Walerian Borowczyk, más bien se asemeja a la belleza bucólica del metafórico coito interplanetario de Solaris de Andrei Tarkovsky o Melancolía de Lars von Trier. La homosexualidad, la zoofilia, la necrofilia y el bestialismo presentes en el cine de Apichatpong Weerasethakul son hermosas prácticas de celebración que desintegran cualquier barrera incoherente previamente impuesta por la civilización.

Uncle Boonmee 1

…bestias salvajes, espíritus del bosque y miembros de la realeza de otra época, sin la necesidad de preocuparse por la verosimilitud de la trama

(Este artículo forma parte del ciclo dedicado a las películas producidas por Eddie Saeta, la compañía de Lluís Miñarro.)

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