Laurent Cantet vs. la estructura social

laurent cantet

El cine de Laurent Cantet no podría entenderse sin enmarcarlo en el, a veces irrefutable, a veces deleznable, gran ámbito del cine social. La virtud de este cine, que se encuentra a menudo encajonado entre esta desconcertante contradicción, es la que el director nacido en el oeste francés hace 53 años, ha hecho suya. A lo largo de su filmografía, ha captado en la pantalla realidades como las del conflicto entre las empresas y sus empleados (en Recursos humanos, 1999), la nociva relación entre el trabajador y su trabajo (en El empleo del tiempo, 2001), los lazos humanos entre el primer y el tercer mundo (en Hacia el sur, 2005), el microcosmos social de la educación (en La clase, inesperada Palma de Oro en 2008), o la lucha contra las convenciones establecidas (en Foxfire: Confesiones de una banda de chicas, 2012). A la espera de su inminente nuevo trabajo, Retorno a Ítaca, su obra se antoja hilada a través de una potente cuerda: la estructura social. Ya sea en una fábrica, en una clase o en una playa, Cantet acierta a describir a las personas encorsetadas, o todo lo contrario, en los andamiajes de lo que da en llamarse mundo contemporáneo. Los derechos, las imposiciones o la tolerancia, ámbitos en los que Cantet (junto a su guionista habitual, Robin Campillo) se zambulle para buscar, y mostrar en la pantalla, lejos de mensajes y de maniqueísmos, una realidad tan compleja, tan compartimentada y tan estructurada que, finalmente, parece completamente arbitraria.

Recursos humanos (1999)

ressources-humaines

Las prácticas empresariales de un joven universitario en la sección de Recursos humanos de la fábrica en la que trabaja su propio padre desde que él tiene memoria le sirven a Laurent Cantet para construir Recursos humanos, su primera aventura en el largometraje y su presentación en el panorama cinematográfico mundial. El personaje interpretado por un joven Jalil Lespert (que acaba de dirigir el menos afortunado de los dos biopics de Yves Saint Laurent de este año) funciona como agente externo en ambos estratos de la estructura empresarial: tanto el de los empresarios y dirigentes como el de los trabajadores y sindicatos. Con pulso fuerte y ánimo de denuncia, Cantet sigue los intentos del joven por modificar la jerarquía de la fábrica, tras los que finalmente se da de bruces con una realidad que no está tan sometida a la lógica humana como al aún imperante clasismo por parte, sin embargo, de ambos sectores (“¿dónde está tu lugar?”).

El empleo del tiempo (2001)

l-emploi-du-temps

Ese lugar es quizá el que El empleo del tiempo encuentra: el hombre pertenece a su lugar de trabajo. Vincent (un entregado Aurélien Recoing) es un hombre de familia que no tiene valor de hacer público que se ha quedado sin empleo. Y no lo hace: se inventa un supuesto trabajo en las Naciones Unidas, primero en su país y luego en Suiza, para mantener un lugar que ya no existe. Cantet sigue a Vincent en sus días vacíos, en los que se entretiene conduciendo su coche y finge dormir en hoteles para seguir aparentando una realidad irreal, en una decisión que si carece de lógica para cualquier persona fuera de su situación, cobra todo el sentido en alguien para quien su trabajo (o su posición delimitada por la sociedad) lo es todo. Con toques melodramáticos y de suspense, llegando a soberbias digresiones existencialistas, Cantet envuelve en frío y silencio una irrebatible historia.

Hacia el sur (2005)

verslesud

Las conexiones entre el primer y el tercer mundo han sido siempre uno de los aspectos que configura la sociedad a nivel mundial: el Norte tiene mucho (todo) que ver con los problemas del Sur. En Hacia el sur, el cineasta francés se ayudó del turismo sexual de pudientes mujeres occidentales (y blancas) en Haití, uno de los países más pobres (y más negros) del mundo. Alejándose de la naturaleza sórdida del mismo viaje que Ulrich Seidl hizo, esta vez a Kenia, en Paraíso: Amor (2012), Cantet normaliza a unas mujeres (Charlotte Rampling y Karen Young a la cabeza) que, arrastradas por la infelicidad de sus vidas norteñas, llegan a las orillas de los exuberantes cuerpos de los hombres haitianos, tan bien dotados físicamente como liberados de las limitaciones de la sociedad de la que ellas escapan. Pero el complejo de superioridad de la sociedad occidental acaba por salir a la superficie, olvidando que la sureña (en este caso, la haitiana) se rige por sus propios agentes y métodos, algo que no tiene casi hueco en las entendederas de las turistas. Algo así como, ¿por qué esta sociedad no se adapta a la nuestra?

La clase (2008)

entre les murs

Un aula en un instituto de las afueras marginales de París es el microcosmos que Cantet necesita en La clase para exponer las dificultades, los obstáculos y las limitaciones (y demás) de una sociedad hecha de muchas otras. La Francia más multicultural (olvidada a menudo por la menos, incluso peligrosamente amenaza por ella), se concentra “entre las paredes” (el título original de la cinta) para enfrentarse a un joven profesor de francés (François Bégaudeau, también escritor de la novela que adapta la cinta). Sin ánimo de establecer nada más que un fiel retrato en forma de docudrama de la ebullición de una sociedad emergente, la de los jóvenes que se plantean por qué la que se les entrega, en la que se les estructura de forma a veces tan injusta como inexplicable, es de la manera que es. La clase fue la confirmación de la obra de Cantet: la película se hizo, en la edición del Festival de Cannes del 2008, con una inesperada Palma de Oro, incluso por encima de monumentales obras como Il divo, Vals con Bashir o Synecdoche, New York.

Foxfire: Confesiones de una banda de chicas (2012)

foxfire

El primer viaje de la obra social de Cantet a la América del primer mundo dio lugar a Foxfire: Confesiones de una banda de chicas. La adaptación de la novela de Joyce Carol Oates sobre un grupo de chicas que se rebelan contra el machismo de una época (y si miramos hacia atrás o hacia delante, de un mundo), que ya había sido tratada en Jóvenes incomprendidas (Annette Haywood-Carter, 1996), le sirve a Cantet para ampliar su territorio. Tanto en términos formales (como novedad, la dimensión novelada de la historia y su mayor convencionalismo) como técnicos (es su primer incursión en la cinematografía de habla inglesa), Cantet innova dejando atrás, quizá, lo que acompañaba a sus anteriores piezas: la precisión y la certeza de su capacidad para poner el foco en lo más importante. Foxfire sigue siendo, sin embargo, una muestra de lo complicado que puede ser intentar comprender (y ya puestos, derribar) lo que sostiene todo lo que conocemos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s