Sitges 2014 (I): Peligrosos stalkers

“Nunca te fíes de un desconocido en tierra extraña”, le dice sabiamente el Señor Matsunaga (Ryôhei Suzuki) a Akiko (Atsuko Maeda), la protagonista de Seventh Code. Con este consejo elemental arranca el nuevo mediometraje de Kiyoshi Kurosawa, una de las películas más cuestionadas que se proyectó en la primera jornada de la cuadragésima séptima edición del Festival de Sitges. La advertencia práctica que recibe Akiko, la tímida acosadora que importuna al Señor Matsunaga persiguiéndolo desde el restaurante donde se conocieron en Japón hasta un pequeño pueblo de Rusia, también es una tentativa para el espectador que ayer visionó en el certamen cuatro propuestas fílmicas sobre homicidios causados a través del engaño o las falsas promesas. La seductora Scarlett Johansson de Under The Skin, el esquizofrénico ermitaño interpretado de forma magistral por Scott Haze en Child of God y los histriónicos asesinos japoneses de Seventh Code y The Pinkie tienen algo en común: todos ellos son peligrosos stalkers que se introducen en una comunidad civilizada, propagándose como un cáncer imposible de extirpar.

under the skin

‘Under The Skin’, de Jonathan Glazer

El largometraje que mejor ejemplifica dicha teoría es Under The Skin, el esperado retorno de Jonathan Glazer al séptimo arte. El último proyecto del cineasta británico es una sugerente e incómoda obra de ciencia ficción que abruma en todos los aspectos formales. Prescindiendo de la extraordinaria fotografía, la música absorbente y enfermiza al proceder de Gaspar Noé en Irreversible y los reiterados desnudos integrales de Scarlett Johansson, la película convence por la disertación filosófica que esconde. En Under The Skin Johansson da vida a una alienígena que llega a Escocia con una misión: nutrir a su especie marciana, cuya alimentación se basa en la ingesta del interior de los seres humanos, a excepción de la piel, el único material inservible. La extraterrestre, que ha adoptado el cuerpo de una atractiva femme fatale, recorre en furgoneta las asoladas calles de Gasglow en busca de ello. El film de Jonathan Glazer realiza un fabuloso giro cuando la protagonista asimila el poder que tiene en sus manos, es decir, cuando comprende que la belleza, la no-permeabilidad y la conquista de lo efímero es la gran perdición del ser humano. No obstante, en el momento en que la extraterrestre empiece a gozar de su falso físico, la sociedad le mostrará otro rasgo del hombre menos envidiable: el salvajismo de su naturaleza malvada.

seventh code

‘Seventh Code’, de Kiyoshi Kurosawa

La adaptación del eterno mito del cazador cazado que Jonathan Glazer lleva a cabo en Under The Skin, Kiyoshi Kurosawa también lo conforma, con su histérico e inconfundible estilo, en Seventh Code. El relato comienza con la presentación de una loca, enamorada de un hombre misterioso al que ha seguido hasta otro continente. Akiko, la protagonista, se ve envuelta en una guerra entre la mafia japonesa y la rusa por culpa de una sustancia nuclear con la que su aparente hombre ideal trafica. La propuesta de Kurosawa impacta por la perfecta hibridación de géneros, lograda a partir de la aniquilación de una posible y perfecta intriga hitchockiana que podría mantenerse si no fuera por ese consciente toque non-sense típicamente japonés, capaz de introducir una estética escena de videoclip después de recitar un haiku.

the pinkie

‘The Pinkie’, de Lisa Takeba

Sin embargo, si hay que hacer referencia a cruce de estilos y géneros voluntarios, la propuesta que lleva a la práctica el citado método hasta el agotamiento es la japonesa The Pinkie. La ópera prima de Lisa Takeba es un mediometraje cuyo personaje principal es, de nuevo, otra stalker. Esta vez nos enfrentamos a una peligrosa pirómana rechazada infinitas veces por el hombre del que se ha obsesionado. El insaciable deseo de Momoko (Wagatsuma Miwako) por estar en compañía de su amado culmina en la creación de un clon de éste a partir de un dedo meñique que unos yakuzas le cortaron y que ha encontrado por pura casualidad. Esta hilarante comedia romántica de presuntuosa saturación cromática mezcla tramas que parecen pertenecer a películas distintas. The Pinkie es un film fallido en muchos aspectos técnicos pero propone un sugestivo manierismo estético de la talla de Tetsuya Nakashima en Kamikaze Girls.

child of god

‘Child of God’, de James Franco

Del barroquismo visual de The Pinkie, pasamos a una exageración cinematográfica muy distinta que trasciende el terreno de lo sensorial, convirtiéndose en un asfixiante tour de force interpretativo. Nos referimos a Child of God, un trabajo reciente de James Franco que ayer pudo verse en el Festival de Sitges. La nueva faceta de James Franco como director ha dado mucho de qué hablar en los últimos años. Su interés por adaptar a los grandes clásicos con una marcada predilección por William Faulkner (The Sound and The Fury y As I Lay Dying) y al escritor de prestigio Cormac McCarthy con Child of God, ha conseguido llamar la atención de la crítica más intelectual. Child of God es un western moderno que expresa la decadencia existencial de una América rural desublimizada. La macabra película de James Franco, que cuenta con prácticas onanistas, defecaciones, actos necrófilos y asesinatos dentro y fuera de campo, está al servicio de la brillante actuación de Scott Haze, encargado de representar al esquizofrénico Lester Ballard. James Franco ha conseguido trasladar la locura insana del protagonista de la novela de Cormac McCarthy hacia su campo: el terreno del desfase.

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