No nos perderemos: ‘Inherent Vice’, de Paul Thomas Anderson

inherent-vice-5Después de The Master, el universo cinéfilo se preocupaba: ¿tendría que esperar otra vez cinco años para ver otra película del, también maestro, Paul Thomas Anderson? El cineasta californiano, que entre sus últimas películas -desde Punch-Drunk Love (Embriagado de amor) (2002) a There Will Be Blood (Pozos de ambición) (2007), desde esta a The Master (2012)- se tomó ese largo periodo de tiempo, para descansar y trabajar en ellas todo lo que necesitaba, daba la sorpresa poco después de llevarse el León de Plata en Venecia por zambullirse en los fantasmas del pasado estadounidense post-II Guerra Mundial. Anderson volvería enseguida tras la cámara para cambiar radicalmente de tercio. ¿La razón? Adaptar una novela del reclusivo y aclamado escritor norteamericano Thomas Pynchon, Inherent Vice (o Vicio propio), y con ella, volver al género de la comedia, en la que ya había desconcertado (aunque para muchos, deslumbrado) con su cinta protagonizada por Adam Sandler y Emily Watson.

Esta vez, según el reparto, que fue confirmándose a cuentagotas, Anderson volvería a sus cintas corales, reuniendo una estupenda selección de actores y actrices: el protagonista sería Joaquin Phoenix, y estaría rodeado de gente como Josh Brolin, Owen Wilson, Benicio del Toro, Reese Witherspoon, Katherine Waterston, Jena Malone, Maya Rudolph (mujer del cineasta), Michael K. Williams, Martin Short, Eric Roberts, e incluso la cantante indie Joanna Newsom. Con estas caras, Inherent Vice se zambulle en la colorida California de los años 70 en la que hace unos años ya lo hizo Pynchon: poblada por surfistas embriagados de la mitología de las olas gigantes (y de otras cosas), combatientes de Vietnam o agentes del FBI reconvertidos en hippies, ambientes hipersexuados, pandillas carcelarias, organizaciones secretas de dentistas, polis corruptos… En ella, un detective privado, Doc Sportello (Phoenix) se embarca en la investigación de un gran magnate inmobiliario, amante de su ex, que decide devolverle a la sociedad todo lo que le había robado, de una manera, sin embargo, algo peculiar. En el camino, su abogado, un músico, un prestamista, una joven fugitiva… El imaginario de Pynchon promete cobrar vida del mejor modo a través de la visión de Anderson, que vuelve a su vertiente más ligera, libre y creativa, como quizá la de su Punch-Drunk Love, y a la década que lo vio moverse como pez en el agua en Boogie Nights (1997). Para ello, ha vuelto a colaborar con su habitual director de fotografía Robert Elswit, su habitual compositor, Jonny Greenwood de Radiohead (poniendo a punto esta estupenda banda sonora) y tenido a un gran estudio, Warner Bros., tras él.

Las expectativas que crearon este Miedo y asco en Los Angeles fueron quizá inauditas: tras su decisión de saltarse los festivales europeos (el mundillo esperaba la cinta para Cannes, Venecia o Toronto, pero solo hace pocas semanas se presentó en Nueva York), cada pequeña información dada a conocer se recibía como agua de mayo por los seguidores del cineasta, incluso hasta un punto algo enfermizo. Josh Brolin dijo que rodar la película era “un absolutamente jodido caos” y más “como el Circo del Sol que hacer cine con pretensiones” (su trailer parece que le da la razón). Y las primeras informaciones sobre la película apuntaban a comparaciones con El gran Lebowski de los Coen, Un largo adiós de Robert Altman o incluso a cintas de los hermanos Zucker (sí, los de Aterriza como puedas). Tras su estreno en la Gran Manzana, las hipótesis se volvieron realidad: Anderson también apuntó entre otras a El sueño eterno, de Howard Hawks, como gran influencia, y las críticas señalaron por su parte que “la hilarante adaptación de Paul Thomas Anderson de Thomas Pynchon es un noir como nunca has visto antes” (en The Telegraph) o que es “maravillosamente excéntrica, bonita y confusa (…) proporciona una buena dosis de risas de colocón, pero su droga es potente y reflexiona sobre ideas pesadas sobre las que necesitarás pensar durante mucho tiempo” (en The Playlist). Tras todo esto, Inherent Vice sigue pareciendo una de los grandes eventos cinematográficos del año, y, a falta de su presencia en el circuito festivalero, habrá que esperar a principios del año que viene para confirmarlo. Pero va a ser que sí.

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