La lucha, el momento

Deux-jours-une-nuit

El gesto dolido, sentido y magnífico de Cotillard sustenta ‘Dos días, una noche’

El cine de Jean-Pierre y Luc Dardenne siempre ha sido un cristal. Un vidrio transparente a través del que ser testigos de lo que pasa ahí fuera (o ahí dentro, según cómo se mire). Un cristal que, lejos de permanecer rígido, se moldea siempre siguiendo a sus personajes a través de eso que pasa ahí fuera (o dentro). En Dos días, una noche, la última muestra de su translúcida mirada, ese cristal se vuelve más limpio, más nítido, más inexistente: la película es solamente lo que pasa ahí fuera, sin más. Dos días, una noche es la nitidez de un momento en el que empieza (y acaba) una lucha, dos días y una noche de un combate contra lo que pasa ahí fuera.

En ese lugar (que no es otro que el nuestro) está Sandra, una mujer a la que nos encontramos en medio de una caída: la que la separará de su trabajo actual y la llevará al desempleo. Una caída en la que todos estamos (y seguimos estando, por mucho que se empeñen en decir lo contrario) desde hace ya tiempo. Consecuencias de ese tiempo, los responsables de la fábrica en donde trabaja Sandra les proponen a sus empleados elegir: si rechazan su bono anual de 1.000 euros, Sandra podrá quedarse en el cuadro de personal. Si no lo hacen, Sandra no tendrá otra opción que la de irse. Junto a su marido Manu, un cocinero con el que ha formado una familia con dos hijos, intentará luchar por su vida tal y como la conoce, yendo de casa en casa de sus compañeros de trabajo durante el fin de semana anterior a la votación final, no tanto para convencerlos sino para hablar con ellos. Para luchar sin gritar. Sandra se encuentra en un medio de un duelo de pistolas (tras su estreno en Cannes, planeó sobre la cinta el concepto de revisión de western), sin pistolas ni claros contendientes: ella, sus colegas de trabajo, sus jefes, la moral, la crisis. Todo tiene algo que decir pero nada chilla más alto que lo que lo rodea. Y aquí, los Dardenne lo ven todo con una habilidad cristalina, una que le proporciona una maleable rigidez (o una rígida maleabilidad, según cómo se mire) que permite que Dos días, una noche sea lo que es: un retrato de lo que pasa aquí y ahora.

Precisamente el aquí y el ahora se mantiene dentro de foco en todo instante: Jean-Pierre y Luc deciden detenerse en el momento de la lucha de Sandra (a todo esto, una increíble Marion Cotillard, una de las actrices mejor dotadas de la actualidad que clamaba con toda razón el premio a la mejor actriz en Cannes) y su marido Manu (Fabrizo Rongione). No hay un gran lapso de tiempo en el que los personajes desarrollen un gran arco ni se dejen llevar por una serie de acontecimientos. Pero ese momento es suficiente para que los belgas entreguen su obra más contenida, limpia, y quizá elegante hasta la fecha. Lo que ya era sutileza en El niño de la bicicleta, quizá más luminosa pero de trazo formal más sucio, aquí se vuelve nítida (otra vez) elegancia. Poco se cuenta más allá de los diálogos que se muestran en pantalla, y es el gesto dolido, sentido y magnífico de Cotillard el que hace lo demás. Dos días, una noche va desde lo social, con el problema del desempleo, la omnipresente crisis económica, a lo íntimo: retrata de un personaje depresivo, con sus altos y sus bajos, sus miedos, su aflicción y sus sonrisas, que también las hay (como en la liberadora escena cantando en el coche o cada vez que un compañero le anuncia que la apoyará). Pero pasa también por las cuestiones morales, claro: ¿qué hacer en una situación así? ¿Qué supone ser el responsable de que una situación así exista? ¿Cuáles son nuestros problemas y cuáles los de los demás? ¿Hasta qué punto somos lo mismo que el prójimo (y nos preocupamos de la misma manera por nosotros que por él)? Los Dardenne no quieren, sin embargo, retratarnos como una especie animal en la que ya no hay esperanza, que está tan podrida que ni siquiera puede ganar esta pequeña contienda, y mucho menos, enviarnos tal mensaje. Al contrario, se acerca a nosotros (o a sí mismos) solamente para ver cómo somos, y para mostrar, en última instancia, a una especie animal que puede, quiere y debe luchar por sí mismo.

deux jours une nuit

Los Dardenne van en su nueva cinta desde lo social a lo íntimo, pasando por lo moral

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