Película del mes: Antes del anochecer

before-midnight-foto-2-1Hablar de Antes del anochecer es hablar de muchas cosas, no únicamente de sentimientos, de amor, o de las posibles crisis de pareja. Aquí hay antecedentes. Hay mucho jugo, y es que hemos asistido desde el principio como voyeurs a la relación que se forjó entre Céline y Jesse. Los mismos personajes de Antes del amanecer que en los noventa se conocían en un tren que viajaba de Budapest hasta París. Los mismos que decidieron por un impulso pasar una noche-mañana fugaz en Viena, una noche-mañana que nunca jamás olvidarían a pesar de la distancia (él en EEUU y ella en Francia) y a pesar de las diferentes direcciones que fueron cogiendo sus vidas. Hemos seguido su historia a intervalos. En aquel tiempo, eran aún jóvenes, inexpertos y sin ataduras ni responsabilidades. Libres como pajaritos, deambularon por las calles y se pasearon en tranvía por una ciudad dónde nadie les conocía. Hablaban con sinceridad acerca de temas como el matrimonio, la muerte, las expectativas en la vida, el sexo o del destino. Se hacen preguntas de chiquillos, preguntas que caminan entre lo tímido y lo prohibido, y que no hacen otra cosa que mostrar una tremenda avidez por conocerse a fondo. Algo casi imposible pero ¿por qué no? En ese momento no tienen nada que perder.

No pasa igual nueve años después. Tiempo real. En Antes del atardecer vuelven a verse de una manera “poco fortuita”. Jesse acaba de publicar un libro (el libro del día en que se conocieron) y se encuentra de gira por Europa. Su última presentación es en París, y allí se encuentra a Céline. Tímidos como al principio, como aquella tarde en Viena donde se cruzaron las primeras miradas y las primeras caricias torpes, deciden dar un paseo e ir a tomar un café. Los dos se muestran radiantes de felicidad por estar otra vez frente a frente después de tanto tiempo. Céline allana el terreno antes de soltar por su boca la temida pregunta ¿Fuiste a Viena como habíamos quedado? ¿Acudiste a la cita? Jesse tarda en contestar porque sabe que la respuesta va a doler. Claro que fue allí. Claro que cruzó el Atlántico para verla y cuando no la encontró perdió la esperanza y regresó a América. Céline no asistió por una razón de peso y ahora no quiere perdonarse. Aquel hecho cambio sus vidas y, sin ninguna forma de contactar, los dos rehacen sus vidas. Decíamos de su encuentro que fue poco fortuito porque Céline lo buscó. Digámoslo así. Parece no saber nada de como le ha ido a Jesse pero en verdad sabe que está casado, que tiene un hijo y se ha leído dos veces su libro embrujada por la magia de un personaje literario que le es muy familiar. Es muy parecida a ella misma. Neurótica, natural, divertida y ella cree que “muy idealizada”. Pero así es como la ve Jesse, que en algún momento acaba confesando que escribió el libro como la llamada final y Céline acudió para poner en práctica una de las lecciones de la que años atrás había hablado: qué terrible sería aceptar el destino cuando no eres completamente feliz, qué malo renunciar a la búsqueda del verdadero amor.

…Otros nueve años más. Y vemos a la pareja junta pasando las vacaciones en el Peloponeso. La cuna de la comedia y la tragedia, que sirva de precedente. En Antes del anochecer nos reencontramos con un Jesse y una Céline más maduros y conocemos a sus hijas gemelas. Celine sigue con su trabajo en la ONG pero acaba de recibir una nueva oferta laboral que le supondrá más dinero, y duda si aceptarlo o no. Jesse ha publicado más episodios de su historia amorosa en otros libros, es lo que le lleva a estar en Grecia como invitado en la casa de un conocido escritor heleno. Que se vuelva a basar en su historia personal, es algo que Céline no le acaba de encajar. Odia ser una de las protagonistas de otra novela que llena de pájaros la cabeza de la gente con expectativas románticas sin ningún vínculo con la realidad. Odia la gente piense y crea que la relaciones duran para siempre y también odia que su relación pueda llegar a ser un referente para los lectores. Algo que se puede extrapolar a los espectadores que desde la primera parte de la trilogía han seguido con esperanza y con todo detalle los vaivenes que Julie Delpy y Ethan Hawke tienen en la ficción.

Fotograma de Antes del AmanecerBeso, beso, teta, teta, coño
La caja de Pandora se abre cuando Jesse le deja caer a Céline la posibilidad de trasladarse a América para estar más cerca de su hijo, que aquí tiene ya trece años. Siente pavor como padre ante la posibilidad de perder la relación con la sangre de su sangre. Teme de verdad que la adolescencia y, de nuevo, la distancia creen una brecha entre él y su hijo que con el tiempo sea difícil de soldar. Está en su derecho, su situación con su ex- mujer no es muy buena y está en juego su hijo, pero a Céline este pensamiento le sienta como un jarro de agua fría.

En este punto, hay que decir que Antes del anochecer resulta sorprendente. Richard Linklater es consciente del perfil que pueden tener sus seguidores, más o menos, y así logra junto con Delpy y Hawke escribir un guión en el cual se le da la vuelta a todo lo que llevábamos viendo desde 1994. Comienza a desmitificar el amor y las relaciones, a humanizarlas. Basta de tonterías. Aquí nos introducimos en los reproches, en la dejadez, en la ocupación de espacios vitales, las responsabilidades, las órdenes, la acumulación de mentiras y de cosas sin decir. La relación se encuentra en stand by, hay un estancamiento contaminado por la cotidianidad. Los días pasan y siempre acontece lo mismo, el trabajo, las niñas,la casas, comer, dormir… La rutina hasta se ha instaurado en la manera de hacer el amor (cuando quedan ganas), siempre la misma “Beso, beso, teta, teta, coño”. A esto se le suman muchas preocupaciones y lo de Hank no ayuda. Hay una frase que expresa a la perfección el momento de la relación por la cual Jesse y Céline están pasando: “ya no pensamos juntos por las noches, ni siquiera hacemos el amor por las mañanas”.

Todo lo que hablaron y sintieron en Antes del amanecer y que parecía quedarles tan lejos cuando sonaba en la sala de audición de la tienda de vinilos la canción de Kath Bloom, ahora los desborda. Jesse y Céline van a discutir como nunca los hemos visto discutir. Las apresuradas frases que se dirigen (algunas bien cargadas de veneno, dardos afilados) nos ayudan a reconstruir la relación y los hechos que no conocemos por la elipsis de tiempo entre película y película. Céline le recrimina el andar siempre fuera de casa por motivos de trabajo cual erudito de la literatura, la carga de la familia la lleva por veces ella sola sobre sus hombros. Jesse no es capaz de hacerle entender lo difícil que es ser consciente de haber cometido un error y estar sufriendo sus consecuencias toda la vida, no sabe cómo hacerle ver los esfuerzos que hizo por compartir su vida con ella hasta el punto de tener que renunciar a estar al lado de su hijo. Por eso el tono es otro, el único posible. Los temas dramáticos y negativos ya no son ideas, sino realidades. El ritmo es el mismo, pero entre lo cotidiano y lo realista se va abriendo paso toda una serie de problemáticas intensas y complejas, discusiones, una violencia moral terrible. La posibilidad de perder, de no ser capaz de superar lo que la vida te suelta.

Un largo día termina, comienza a anochecerPor estar de paso
Sentados a comer como invitados del conocido escritor griego, compartiendo manjares con más gente asistimos a una de las conversaciones más trascendentales de la película. Están presentes parte del elenco más importante del cine griego contemporáneo, algunas caras nos suenan como Ariane Labed y Yiannis Papadopoulos, otras como la directora Athina Rachel Tsangari (Attenberg, The Capsule) no tanto. Y sobre la mesa temas como la visión del amor a través de la perspectiva de parejas de diferentes edades, la muerte, el hombre… Temas más existencialistas que fluyen debido al entorno que les rodea, una tierra llena de mitos, tragedias y ruinas que simulan predecir que algo malo va a pasar. Así encuentra su lugar la comedia, con el contrapunto gracioso que da la personalidad de Julie Delpy en un papel que por veces recuerda al de Marion de Dos días en Nueva York (2011). En ella no es algo negativo que parezca estar interpretándose a si misma.

Al igual que en las otras partes, vamos a ver los característicos planos secuencia de Linklater repletos de diálogo o bromas, de todo menos banalidades. Porque siguen haciendo reflexionar y de la sala sales con la cabeza llena de pensamientos, de dualidades, de reflexiones que se contradicen y que nacen de los diferentes pareceres de Jesse y Céline. Eso, y la sensación de comprender sus problemas, de ver en sus ojos el ahogo pero también el amor que se tienen el uno al otro. La sensación de ver (de conocer) su historia desde el principio, la sensación de verlo todo como “un gran spoiler de la vida real” como decía Laura Serra, jefa de cultura del diario Ara en su twitter. De ahí que Antes del Anochecer sea la más cruda pero también la más preciosa, porque muchas de las cosas buenas de la vida salen del conflicto, y si es necesario luchar para ser feliz, vayamos afilando todos las uñas y los dientes.

– María Villamarín


Si quieres echarle un ojo a todas las películas del mes, clica aquí.

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