Película del mes: Django desencadenado

-Django desencadenado es, estaremos de acuerdo, puro Tarantino. Antes de analizar si es un acierto o un fallo, hay que tener claro que es una película que reafirma el estilo de un autor. Y eso hace que jueguen un papel muy importante los prejuicios (positivos o negativos) de los espectadores. En primer lugar, está construída sobre la hibridación de géneros. De entrada es un western, pero no se puede obviar que tiene elementos de comedia, de drama sureño y casi de cualquier cosa que se nos ocurra, igual que en Kill Bill había un fondo melodramático maravilloso por debajo de la película de artes marciales o en Malditos bastardos una comedia negra por debajo del filme bélico (o un filme bélico por debajo de la comedia negra). Con esta comparte mucho: también gira alrededor de un hecho histórico polémico y plantea una revisión de esa historia a través del género. Al funcionar el western como mitología fundacional de los Estados Unidos, es también, como la historia de los bastardos, una revisión de la historia del cine, porque Tarantino siempre está dialogando con sus incontables influencias. Además, es la obra a la que más se parece en su uso de la violencia e incluso de la música, con los anacronismos que tanto se han comentado y que, como tal, no pasan de anécdota ni son tan novedosos.

La respuesta del público ha sido entusiasta. La de la crítica ha sido dispar. Algunos se han entusiasmado como un fan cualquiera, otros han planteado cuestiones pertinentes con inteligencia y los que más ruido mediático han hecho han sacado el tema de la violencia y las palabras malsonantes y la corrección política sin discutir si la película es buena o no. Curiosamente, es algo habitual cuando se culpa a un director de saltarse códigos morales. Lo hacen así porque, probablemente, no la han visto (recordemos la vergonzosa tertulia de Las mañanas de Cuatro sobre A serbian film). En cualquier caso, todo este circo mediático también es puro Tarantino, que no deja de echar más leña al fuego cada vez que abre la boca. Lo que no siempre funciona tan bien son los datos de taquilla, así que algo habrá tenido que pasar para estas magníficas recaudaciones. ¿Se habrá puesto las pilas Harvey Weinstein después de la fría acogida de The Master?

-Libre de ataduras, liberando al espectador
El contexto de Django desencadenado es perfecto para dar rienda suelta al humor y a la violencia, que son los puntos de apoyo más comerciales de Tarantino. Es difícil ir más allá después de hablar de los nazis, pero hay esa voluntad. Crear sin límites, o por lo menos sin los límites de lo politicamente correcto. No haremos spoilers, pero la película hurga a fondo en el potencial cómico de aquella América en la que era sorprendente ver un negro a caballo. Todo puede ser gracioso si se crea la situación adecuada. El Ku Klux Klan es objeto de sátira, como lo había sido ya en la maravillosa O Brother! de los hermanos Coen, conformando otro reverso de El nacimiento de una nación de D.W. Griffith, que también ha sido un punto de referencia inevitable para el Lincoln de Spielberg. Pero ojo a lo enrevesado del chiste: John Ford trabajó como extra interpretando a un miembro del Klan en la película de Griffith, y se cuenta una anécdota en la que se cayó del caballo porque se le movió la capucha sin dejarle ver nada. Tarantino lo parodia, y en un arranque de mala baba cinéfila se ríe del director que más hizo por crear la narrativa cinematográfica convencional y del que más ayudó a crear una mitología propiamente americana. Es probablemente el mayor, mejor y más divertido alarde de prepotencia en un cineasta desde que Coppola se identificó a sí mismo con Napoleón.

El nacimiento de una nación era una película en la que los negros eran malos y el Klan era bueno. Django desencadenado no es exactamente lo contrario, sino que esconde bajo la aparente superficialidad de Tarantino una ambigüedad que es también parte de su estilo. Y que debería ser lo primero a tener en cuenta a la hora de llenarse la boca hablando de los peligros de su presentación de la violencia. El humor de Django desencadenado es violento, porque es en donde se presenta el conflicto racial. Samuel L. Jackson interpreta a un negro que es el ejemplo más extremo de odio a su raza. Django juega el papel de un negro negrero. Calvin Candie (Leonardo DiCaprio) recurre a la frenología para argumentar sus opiniones. La carga moral de estos hechos se supera mediante efectos de distanciamiento que rompen nuestra identificación, nuestra ilusión, y nos hacen ver que todo esto es una representación. Y por eso nos reímos con un humor que nunca es blanco y que tiene una serie de implicaciones que, al final, nos hacen ver los conflictos en su complejidad.

Pero, aunque el humor sea violento, la violencia de Django desencadenado no es siempre humorística. La violencia en las películas de Tarantino puede ser exageradamente espectacularizada (y Django es, con Kill Bill, la que ha llegado más lejos en eso). Pero también increíblemente poética (la muerte de Shoshanna en Malditos Bastardos), brutalmente divertida (el disparo accidental a Marvin en Pulp Fiction), o dolorosa de encajar. Y esto tiende a olvidarse, pero no se disfruta la secuencia de la oreja de Reservoir Dogs como no se disfrutan los latigazos a Broomhilda (Kerry Washington) en Django. ¿Cómo puede ser un impulsor de la violencia el director que más nos ha enseñado sobre nuestro comportamiento ante ella? Nadie juega con los procesos de identificación de una manera tan virtuosa, y el hecho de que consiga que percibamos la violencia y el humor desde tantos puntos de vista diferentes nos hace más libres e inteligentes como espectadores. El hecho de que sus dos últimos filmes sean una venganza sobre la historia no es un intento barato de conseguir nuestra empatía, sino el punto de partida de algo mucho más trabajado.

-Nadie es perfecto
Con todo lo que tiene Django desencadenado de reafirmación de los logros de Tarantino hasta la fecha, y de película coherente con su trayectoria, hay un cierto peligro en su naturaleza. El carácter de perfeccionamiento del estilo le quita capacidad de sorpresa por ser la obra más similar a la anterior en su carrera. Y quizás peca en algunos momentos de exceso de confianza o autocomplacencia, por lo mismo que hemos dicho antes: esta vez no se ha retado a sí mismo como otras veces.

Algunas críticas negativas del film resaltan aspectos interesantes en este sentido. Por ejemplo, Django como protagonista es, sin ser malo en absoluto, poco potente, y se ve superado en interés por secundarios tan geniales como siempre. No es una cuestión de interpretaciones, sino de construcción del personaje, lo cual es una laguna que nunca había aparecido antes en el Tarantino guionista. Otros han resaltado que el uso de la música, uno de los puntos fuertes del cineasta, es más pobre. Y lo cierto es que Django no deja en la memoria una asociación imborrable de canciones a imágenes como ha sucedido hasta ahora. Es más, es probablemente la película menos memorable en lo visual que ha salido de la cabeza de su autor. Si somos exigentes, no podemos permitir a Tarantino quedarse en la simple solvencia, aunque tal vez después de varios visionados y después de un tiempo de distancia estas impresiones se vuelvan superfluas.

También se han publicado quejas por la excesiva duración de la película (en Cinemanía las achacaban a la muerte de Sally Menke, la montadora de todas las anteriores de Tarantino). A esto mismo podría atribuírse también alguna laguna aparente en la estructura o el ritmo, pero quizás se confunda eso con las digresiones narrativas que son habituales en su obra. La citada secuencia del Klan funciona casi independientemente, como un sketch, y el tiempo de la historia se dilata en diálogos que tienen su cumbre en un monólogo, en este caso el de Calvin Candie. Es parte del juego, es parte del exceso y el desenfreno de un director que parece no tener ninguna preocupación por controlarse. Eso es lo que hace discutibles muchas de sus propuestas, pero es lo que provoca que el debate sobre lo que filma sea tan vivo. Django desencadenado no es perfecta como ninguna de sus películas lo ha sido desde Pulp Fiction, pero eso no la hace peor ni menos apasionante. Probablemente sea mejor así. Un creador domesticado termina por aburrir tarde o temprano.

– Cibrán Tenreiro


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