Película del mes: Los amantes pasajeros

losamantespasajeros-hechoNo sabemos muy bien por dónde comenzar a diseccionar lo nuevo de Almodóvar. Vuelve a la comedia pura con Los amantes pasajeros, un género que no abordaba desde Mujeres al borde de un ataque de nervios, y desde aquella han pasado nada más y nada menos que veinticinco años. Aunque está claro que en todo este tiempo Pedro nunca ha abandonado el humor en su cine (gracias a Dios). Ha construido un rasgo que se ha vuelto algo propiamente suyo. Lo notamos cuando nos hace reír con diálogos e historias que no tienen nada de gracioso. Introduce lo cómico y es capaz de mezclarlo con el melodrama a través de ciertos personajes, como la Agrado en Todo sobre mi madre o la concejala de asuntos sociales que interpreta Carmen Machi en Los abrazos rotos. Es algo que le ha costado defender. Sobre todo frente a la crítica internacional, no acostumbrada a la combinación de géneros tan extremos. Pero para él no es más que una muestra de la vida misma, de los estados de ánimo que puede llegar a sentir un ser humano desde que se levanta hasta que se acuesta.

Los amantes pasajeros deja de lado las medias tintas en lo que al humor se refiere, pero aún así choca con algunos toques tiernos. Es un film salvaje y excesivo. El avión de la compañía aérea Península vuela con destino a Ciudad de México, pero por un error estúpido no llegará muy lejos y tendrá que realizar un aterrizaje forzoso (con todas las consecuencias terribles que esto puede tener). En él, Fajas (Carlos Areces), Ulloa (Raúl Arévalo) y Joserra (Javier Cámara), son un trío de azafatos que comparten con los pasajeros de la clase business desenfreno, baile y alcohol. La primera clase de este vuelo está lleno de personajes excesivos e intensos, como una famosa madame de lujo (Cecilia Roth), una vidente (Lola Dueñas) o un directivo bancario acusado de estafa que pretende huír del país (José Luis Torrijo). Personajes que indirectamente están inspirados en gente real y en la situación actual de España. Un panorama tan esperpéntico como la película misma, donde vemos a una clase alta corrupta y despreocupada y a un pueblo al que no se le deja hablar, totalmente dormido, narcotizado como la tercera clase de este vuelo. Por lo tanto, se podría decir aunque la historia de Los amantes pasajeros sucede en un avión tiene los pies muy bien puestos en la tierra.

areces-pasajerosEsperpento narcotizante
Es muy difícil señalar un personaje central o de mayor relevancia en este reparto coral. La figura más importante quizá sea la formada por los tres azafatos. Ellos transmiten una fuerza de triple acción semejante a la de un cancerbero (ese ser mitológico de tres cabezas y un solo cuerpo). Un monstruo con mucha pluma, con muchas ganas de vivir y con la libido por las nubes (nunca mejor dicho). Fajas, Ulloa y Joserra, con el resto de la tripulación y los pasajeros, se muestran desesperados por un poco de amor, están poseídos por una fuerza inmensa y destructiva. Y llevarán estas sensaciones hasta el final, tratando de enseñarnos que en una situación dónde el futuro es incierto, dónde es complicado averiguar lo que va a ocurrir, lo mejor que podemos hacer es amar y disfrutar de la vida y del sexo. Es así. Viendo lo que sucede se entiende por qué se habla de Los amantes pasajeros como una película grotesca, en la cual los diálogos ilustran la estupidez del mundo. Esta característica viene dada por el papel de Almodóvar como revisitador de formas estéticas de la tradición española (sainete costumbrista, tragedia esperpéntica, la tauromaquia, el costumbrismo o la iconografía religiosa) siempre reciclándolas y dándole un nuevo significado. Un ejemplo de cómo se pueden volcar estas directrices es Los amantes pasajeros. Sátira pura con moraleja incluida. Todos los personajes que plagan la narración son incongruentes, aunque la palma se la lleva Carlos Areces. Para entender esto hace falta recordar el tipo de papel que interpretaba Chus Lampreave en películas como ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o Volver: la abuela, madrina de un lagarto llamado Dinero, adicta al agua de Vichy y las magdalenas, o la demente tía Paula. Ambos personajes absurdos y deformados desde la realidad. Los amantes pasajeros se vale de estos rasgos para ofrecernos humor. Por esto, no es raro que una de las directrices que Almodóvar le dio a Areces fuera que tenía que actuar con la misma naturalidad que Chus. Y, a parte de producir risa, también resulta desconcertante hasta el punto de incomodar y provocar al espectador. Como él mismo decía en la rueda de prensa posterior al estreno en Barcelona, “soy muy gracioso porque soy muy guarro”.

Almodóvar demuestra así que vivimos en un mundo loco, que la vida no tiene porque ser seria, formal o banal, sino que si está modificada por nuestras alucinaciones o nuestros deseos, mejor que mejor. Y aquí entran en el juego las píldoras -que no píldoras cómicas-. Para combatir el bombardeo de los acontecimientos y resistir el peso de la realidad, los azafatos optan por las drogas. Algo común en los filmes del director, acostumbrado a hablar del tema de una forma a la vez cruda y natural. Así, personajes a la deriva, a menudo neuróticos, perdidos (o neuróticos perdidos), consumen o buscan desesperadamente narcóticos o fármacos para hacer que la vida sea más ligera. Véase a Marisa Osorio necesitada de ansiolíticos en ¡Átame! o el gazpacho lleno de somníferos que prepara Pepa en Mujeres al borde de un ataque de nervios. En este caso, agua de Valencia con mescalina para calmar los nervios del personal y dejar paso a la liberación del lado oscuro y excesivo de la mente. Sin necesidad de que nadie oriente a nadie, los amantes pasajeros se dejan llevar por sus impulsos hasta la catarsis. Y se hace presente una de las frases que más gusta a Almodóvar: “todos nos encontramos como vacas sin cencerro”.

dueñas-pasajerosEl artificio de la risa
Lo femenino está también marcado a su manera en Los amantes pasajeros a través de Ulloa, Fajas y Joserra, muy glamurosos los tres y dispuestos a romperse las caderas emulando a las Pointer Sisters al son de I’m so excited (que ya se ha convertido en el himno oficial del film). Que las películas de Almodóvar subviertan las identidades sexuales fijas no es nuevo. A lo que no estábamos tan acostumbrados era a ver a hombres homosexuales tan amanerados en la pantalla, porque nunca se ha preocupado por dignificar ese tipo de identidad gay más cercana al estereotipo (Ulloa, Joserra y Fajas son locas, maricas malas, “mamarrachas”). Solo hace falta fijarse en su filmografía para darse cuenta de que nunca antes esta actitud fue tan evidente. En La mala educación o Todo sobre mi madre los conflictos de la sexualidad siempre aparecían mezclados con otras tramas de profundidad. Quizás la primera excepción es el trabajo que cuestiona toda identidad sexual en La piel que habito. Aquí se renuncia a esa densificación, y es el aura gay la que ayuda a acrecentar la plasticidad y los excesos que hacen que la película sea una verdadera locura. También hay que sumarle la hiperestilización de la dirección artística, muy trabajada y conseguida desde la autoconsciencia de ese exceso. La iluminación antinatural es aquí un recurso necesario para crear una atmósfera más artificiosa. Los amantes pasajeros es la muestra de un trabajo en el que se pone de manifiesto el amor que siente Almodóvar por la grabación en estudio y los decorados (al igual que su admirado Fellini), por lo chillón y lo ficticio, con los que consigue finalmente recrear un universo completo dotado de reglas e identidad propias. Su uso de colores, que ha creado ya escuela, vuelve a jugar un papel importante en los planos perfectamente pintados por Jose Luis Alcaine y unos títulos de crédito y cartelería diseñados por las manos de Mariscal. Aquí lo visual es nítido, limpio y no se puede dejar a un lado porque sino la historia saldría perdiendo.

Almodóvar regresa a la provocación de su primera época. En Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón o Laberinto de pasiones había un mensaje claro y mucha crítica social entre el desenfreno. Estos filmes influenciados por lo que Warhol venía haciendo en la Factory, y John Waters, tenían un espíritu trasgresor marcado por lo trash. Nacían en la transición, en una España triste por aquel tiempo que estaba como ausente. El mensaje era un mensaje de cambio que zarandeaba a la sociedad para despertarla de un terrible sueño. No podemos marcar similitudes absolutas porque hablamos de dos contextos históricos y sociales muy diferentes pero Los amantes pasajeros alberga también su recado y conserva esa esencia reivindicativa. Llegado a este punto, Almodóvar deja entrever que quizás ahora él este más próximo a la gente que viaja en business que a la de la movida, pero a pesar de ello, su espíritu crítico no ha cambiado. Y hacer esto es muy honesto. Los amantes pasajeros merece atención porque bajo esta comedia hay diferentes lecturas. No podemos caer en comparaciones con otros de sus trabajos porque aquí hay moraleja propia. Aquí hay risa pero como mecanismo de lucha contra la negrura y la injusticia. Se deja claro que es necesario un cambio y ¿por qué no tomarlo con humor? Vamos, que hay que reírse también de lo malo, soltarse la melena y dar mucho amor.
 I’m about to lose control and I think I like it!

– María Villamarín


Si quieres echarle un ojo a todas las películas del mes, clica aquí.

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